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Zapato plano. Juan José Millás

El término "montaje" se utiliza en la vida para nombrar algo que no se corresponde con la verdad; en el cine, para designar el proceso por el que se selecciona y ordena el material filmado a fin de constituir la versión definitiva de la película. En el primer caso, se toman fragmentos de la realidad, disponiéndolos de tal modo que den a luz una mentira; en el segundo, se toman fragmentos de la mentira disponiéndolos de tal modo que parezcan una verdad. Dado que el término "montaje", aplicado a la vida, posee un cariz peyorativo, en el cine viene siendo sustituido por la palabra "edición". Cada vez se habla menos de "montar" las imágenes que de "editarlas". En la televisión nadie dice ya "vamos a montar esta entrevista", sino "vamos a editar esta entrevista". La edición, o el montaje, como ustedes quieran, implica una "manipulación" de los materiales preexistentes. Quiere decirse que el término "manipulación", en este contexto, carece de intención ofensiva. Ya ven ustedes lo difícil que es manejar algunas palabras sin dar lugar a malas interpretaciones.

El conocimiento que tenemos de la realidad es siempre el resultado de un "montaje", tanto en el sentido vital como en el cinematográfico. No sólo lo que nos cuentan los periódicos y los telediarios, sino lo que nosotros contamos a nuestra familia al cabo del día, es el resultado de una "edición" de la realidad. Para llevarla a cabo hemos tenido que seleccionar, de entre todo lo que nos ha sucedido, un número limitadísimo de acontecimientos que, debidamente articulados, presentamos o nos presentan como la "realidad" de esa jornada. Dado que detrás de toda "edición", de todo "montaje", hay inevitablemente una intención de carácter político o personal, el relato que nos ofrecen u ofrecemos es a la vez un montaje en el buen y en el mal sentido de la palabra.

Hay gente que tiene una habilidad especial para decir o hacer cosas tan espectaculares que el "montador" o "editor" no podrá evitar incluir en el relato de los hechos. Tal es el caso de Esperanza Aguirre, cuya genialidad autodestructiva carece de parangón. ¿Cómo dejar de lado, al relatar su última semana, la afirmación de que sólo hace declaraciones cuando lleva zapato plano? Imposible, aunque no signifique nada.

La Opinión de Málaga, 06-XI-2009

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