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Ya está bien. Juan José Millás

Ya era hora de que Rajoy pusiera las cosas en su sitio, porque daba la impresión de que Aznar tenía los papeles del CNI, cuando él sólo había afirmado que tenía los papeles del CNI. Aquí, si no llevas cuidado con lo que dices, enseguida tergiversan tus palabras. Lo peor, con todo, es que comenzaba a calar en la opinión pública la idea de que el contrato con el lobby norteamericano sólo había servido para que le dieran una medalla. ¿Pero es que alguien cree que nos habrían dejado participar en la guerra de Irak por nuestros propios méritos? Eso es no tener ni idea de cómo funcionan las cosas. En EE. UU., si quieres invadir, has de pasar por caja. De hecho, Alemania y Francia, por citar dos países sin experiencia en política exterior, se perdieron esa magnífica matanza de árabes que le habría puesto los dientes largos al mismísimo Santiago Matamoros.

La gente es muy lista. La gente piensa que la posición que España ha conseguido en el concierto mundial de las naciones se hace gratis. ¿Ustedes creen que sin las influencias adecuadas se le habría permitido a José María Aznar colocar los pies en la misma mesa que Bush? ¿Creen que habría podido salir en la foto de Las Azores? ¡Pero si de entre todos los presidentes del universo mundo sólo salieron tres y uno de ellos era el dueño de la foto! De acuerdo, de acuerdo, lo de los pies, como lo de la medalla y lo de Las Azores, sólo se benefició a la imagen personal de Aznar. ¿Pero quién con dos dedos de frente participaría de la idea que tiene este hombre de los beneficios de imagen? ¿No valía la pena pagar dos millones de dólares para que quedara bien claro que se trataba de una cuestión personal, suya, en la que nada tenía que ver el pueblo español?

Ya está bien de criticar a Aznar como si fuera un megalómano. De hecho, siendo evidente su parecido con Carlos V y con Felipe II, jamás se ha atrevido a mencionarlo. Y hablando de Felipe II, todo el mundo sabe que, de habérsele puesto en las narices, podría haber casado a su hija en El Escorial, pero prefirió una boda sencilla, familiar, más acorde con su temperamento castellano. Déjenlo, pues, en paz. Respeten el silencio que él mismo, con la prudencia que le caracteriza, se ha impuesto, y aquí paz y después gloria.

EL PAIS, 30-VII-2004

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