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Whisky. Juan José Millás

Vengo de ver una película magnífica, "Whisky", que, en Madrid al menos, está funcionando en los circuitos pequeños, creo que con éxito. No voy a contar de qué va, ni siquiera les voy a hacer la ficha técnica. Lo único que me interesa señalar ahora es que está realizada con muy pocos medios técnicos, con muy poco dinero, lo que no afecta en absoluto a sus cualidades. ¿Cuál es su secreto? Un buen guión. A veces conviene regresar a las verdades fundamentales de la vida. Con frecuencia salimos del cine tras haber visto una película repleta de alardes técnicos y de efectos especiales que sin embargo no nos ha dicho nada. El cine va, cada día más, en esa dirección. Lo primero que preocupa a un director antes de rodar es si va a contar con dinero suficiente para alquilar los mejores equipos, los artistas más famosos, los peluqueros más en la onda, los decorados más impresionantes. De lo último que se habla es del guión que, curiosamente, es la base.

En el cine, como en la vida, nos sobran medios y nos falta talento. Cualquier microscopio de juguete de los que los niños recibirán estas Navidades es cien veces mejor que con el que trabajaba Ramón y Cajal y ya ven a dónde llegó el sabio. Películas como "Whisky" nos invitan a detenernos a reflexionar unos minutos. ¿Por qué ponemos tantos medios técnicos al servicio de guiones tan pobres? ¿A dónde vamos, todo el día de acá para allá, para pagar las letras de un coche absurdo con el que probablemente nos matemos cualquier fin de semanas de estos? Tenemos excelentes automóviles, magníficas neveras, estupendos sofás tapizados en piel, pero nuestras vidas son un desastre absoluto porque nos falta guión. Intentamos ocultar esa ausencia con efectos especiales, pero los efectos especiales no llenan.

Nos sobran medios para evitar las muertes que se producen en el mundo por hambre y cuyas cifras hemos vuelto a escuchar estos días, como cada fin de año, con una indiferencia atroz, pero no tenemos talento ni voluntad política para poner remedio a tanto desastre. Una vez más, no tenemos guión. Por eso, películas como "Whisky" no sólo son una lección cinematográfica, sino existencial.

La opinión de Zamora, 14-XII-2004

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