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Verrugas. Juan José Millás

Francis Obikwelo, subcampeón olímpico de los 100 metros, contaba hace poco en estas mismas páginas que en ÿfrica, cuando te rompes un hueso, se le rompe el mismo hueso a un pollo; si el pollo mejora, tú mejoras. Se trata de un modelo de magia basado en la semejanza que me recordó la lectura feliz de un libro, La rama dorada, de J.G. Frazer, donde se narran muchas historias que ejemplifican esta percepción analógica de la realidad. Actualmente escuchamos estos relatos fantásticos con una sonrisa de superioridad, como si hubiéramos logrado escapar a las épocas dominadas por la brujería, pero la idea de que lo semejante produce lo semejante late todavía con fuerza en nuestro cerebro reptil.

Tal vez, si dentro de mil años quedan antropólogos para contarlo, se refieran al increíble mecanismo de la Bolsa o las sutilezas diabólicas de los mercados internacionales como a ritos mágicos por los que nos apropiábamos de los binenes ajenos o transferíamos nuestros males a otros. Tenemos noticias de operaciones bursátiles capaces de arruinar a una comunidad en 24 horas o de desequilibrar la balanza de pagos de un país en dos semanas. También a la transferencia de males dedica Frazer buena parte de su maravilloso libro. Aún se practica en Europa un viejo rito para quitarse las verrugas que consiste en tocárselas con tantas piedrecitas como verrugas se padezcan. Luego se envuelven las piedras en una hoja de hiedra y se abandonan en medio de la calle. El desgraciado que las recoja cogerá al mismo tiempo las verrugas del otro.

El objetivo mágico por excelencia es hoy la tarjeta de crédito. Con ese talismán, y si triunfaran las propuestas de la cumbre contra el hambre celebrada en Nueva York, podríamos, por cada transacción realizada, donar una pequeña suma que se convertirá automáticamente en comida para las zonas más necesitadas del planeta. Pero si usted prefiere verlo desde el mal, imagine que cada vez que utiliza la tarjeta traslada parte de su colesterol a una miserable. Una vez fracasados todos los intentos por arreglar el mundo desde la razón, quizá debiéramos regresar a la magia. A mi cuñada, por cierto, se le quitaron las verrugas.

EL PAIS, 24-IX-2004

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