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Vender ideas. Juan José Millás

Hace poco hubo en Barcelona unas jornadas en las que se abogó por restringir los derechos de la propiedad intelectual. Argumentaban los partidarios de esta postura que los propietarios de los derechos de `copyright´ tiene un control excesivo sobre la cultura. Lo que proponían, en definitiva, era de dejar abierta la posibilidad de que un artista ensamblara su obra a la de otro sin el peligro de ser acusado de plagio. Yo soy propietario de derechos intelectuales y la verdad es que jamás me he sentido demasiado dueño de ellos. He dicho más de una vez que la escritura debería ser un servicio público y que los escritores deberíamos ser funcionarios al servicio de la comunidad.

-Oiga, escríbame un cuento de amor.
-Y a mí uno de miedo.
-Y a mí un atestado judicial.

Una de las cosas que más me gustó de mi primer viaje a México fue el descubrimiento de una plaza llena de escribanos a los que la gente acudía para que les redactaran cartas, instancias, recursos, súplicas Me parecía que era en esa actividad donde el escritor ponía lo mejor de sí mismo. Yo hice este trabajo en el servicio militar y pocas veces me he sentido tan realizado como aquellas tardes en las que un compañero me pedía que escribiera a su madre, a su novia, a su mujer, a su hermano.

No tengo nada en contra, pues, de que se restrinja el derecho de propiedad intelectual. Además, ay, ya están restringidos. Una finca puede transmitirse de generación en generación hasta el final de los tiempos, pero los derechos de autor pasan, a los 50 ó 60 años de la muerte del novelista, a derecho público, ignoramos por qué. Lo cierto es que en el periódico puede aparecer una noticia como la que ha provocado este artículo sin que nadie responda o se rasgue las vestiduras. ¿Qué ocurriría, en cambio, si se tratara de restringir el derecho a cualquier otra propiedad? Que sacarían al Ejército a la calle. Sólo hay un modo de que la propiedad intelectual tenga el mismo rango que la posesión de bienes muebles o inmuebles: que los bancos, además de vender productos financieros, vendan ideas. Pero no parece que estén por la labor.

La Opinión de Zamora, 26-VII-2005

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