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Vámonos. Juan José Millás

Fulano y Mengana son las dos únicas personas de este mundo que ignoraban la decisión del PSOE de pactar con Izquierda Unida para acceder a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Usted y yo lo sabíamos, como lo sabían las mafias de la construcción y los traficantes de suelo, y hasta mi sobrino, que tiene siete años, lo sabía. Por si hubiera dudas, Aznar montó su campaña sobre la existencia de esos pactos que no asustan ni a los niños, pero si al crimen organizado. Mengano y Fulana, completamente ajenos a la realidad, pese a formar parte de las listas del PSOE, cogieron un disgusto al enterarse de que IU podría quedarse con la concejalía de la Vivienda. Fulano y Mengana son personas moderadas, honestas, alejadas de los extremismos, así que dijeron que hasta aquí hemos llegado. La construcción no se toca.

Tiene uno la tentación de explicar a Mengano y Fulana que el electorado estaba al cabo de la calle y que los únicos que no sabían nada eran ellos. Pero en tal caso habría que decirles también que o son completamente idiotas o son una pareja de gánsters al servicio del dinero negro lavado por el sector inmobiliario en Madrid durante los mandatos del PP. Como no queremos pensar que son idiotas , ni carteristas, ni corruptos, ni hijos de perra, ni mentecatos, ni extorsionadores, tenemos que dar necesariamente por buena su versión de que permanecían en la inopia. De otro modo, habrían renunciado antes de las elecciones a formar parte de esa lista presidida por un radical dispuesto a entregar ek urbanismo y la viviendo a un rojo de la coalición Llamazares-Zapatero, de la que tampoco oyeron hablar a lo largo de la campaña.

Dicho esto, no dejamos de preguntarnos si el PSOE incluyó en la lista de Rafael Simancas a Fulano y a Mengana por su trayectoria de tontos, por su trayectoria de chorizos, o por la hábil combinación de ambas. Si los incluyeron por tontos, se merecen lo que les ha pasado; si los incluyeron por chorizos, también. Es más, en tales circunstancias, no podemos dejar de preguntarnos por la salud mental del PSOE y de sus dirigentes. ¿Acaso no aprendieron bastante con Roldán? En fin, compañero, que apaga y vámonos.

EL PAIS, 13-VI-2003

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