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Urgencias. Juan José Millás

Un médico dijo muy serio por la tele que la gripe de esa pobre chica, Dalila, se había enmascarado tras los síntomas del embarazo. ¡Qué jodida la gripe, ¿no?, utilizar el cuerpo de una cría encinta como caballo de Troya! Así no la diagnostica ni House. A House, en una situación de alerta mundial por el virus A, le llega una chica con fiebre, dolores en las articulaciones y dificultades para respirar, o sea, con todos los síntomas de una gripe de invierno en pleno verano, y lo primero que le pregunta es si está embarazada. Si está embarazada, le receta paracetamol y la manda a casa. Y si vuelve cuatro veces, como Dalila, cada vez con más fiebre, con más dolores, y con más dificultades para respirar, la manda cuatro veces a casa. Bastante suerte tuvo la chica con que no le dieran con los protocolos en la cabeza, en lugar de aplicárselos, por pesada.

Y si sólo fuera la gripe la que se enmascara... ¿Pero cómo adivinar, por ejemplo, que lo que llamó a la puerta como un ligero estancamiento económico era en realidad una crisis del copón? ¿Cómo distinguir un golpe de Estado de un regreso a la senda constitucional? ¿De qué van disfrazadas las rentas del capital para recibir mejor trato que las del trabajo?

Todo esto por no hablar del pederasta que se presenta en sociedad bajo la apariencia de un obispo o del ladrón que pronuncia discursos de patriota... Así están las cosas: el desparpajo se hace pasar por literatura, los intereses privados por intereses públicos, los pasillos de los hospitales por habitaciones con vistas, la gimnasia por la magnesia, Luzbel por Dios, los chorizos por senadores, las flores de plástico por flores naturales, la ambición de poder por la vocación de servicio, los ejércitos por ONGs, el chismorreo por periodismo... Dalila, coño, ¿a quién se le ocurre quedarse embarazada en tales circunstancias?

EL PAIS, 03-VII-2009

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