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Un poco de paciencia. Juan José Millás

Los ciudadanos ingenuos desconocemos cuál es ahora mismo la evolución real de la gripe A, pero empezamos a darnos cuenta de su evolución verbal. Hacemos esta distinción porque la evolución verbal y la real no siempre coinciden (en los mapas aparecen también carreteras que no existen). Llegan fogonazos informativos de lo ocurrido aquí o allá. El gobierno británico, por ejemplo, establece una previsión de 65.000 muertos; el español, de 8.000. A continuación se nos dice que 8.000 no es mucho, es lo normal con la gripe de andar por casa, a la que ya estamos acostumbrados. Las informaciones nos llegan como pedazos de un mapa de roto. Uno se sienta a la mesa camilla e intenta casar unos fragmentos con otros, pero no sale una figura lógica. Entre tanto, se hacen llamamientos a la calma. ¿Cómo calmar a alguien que no está intranquilo?

Tenemos algunas experiencias sobre la evolución verbal de asuntos francamente serios. ¿Recuerdan ustedes la evolución verbal del aceite de colza? Al principio era un bichito que si se caía al suelo se mataba. Lo dijo una autoridad sanitaria de la época. Pues todavía colea. ¿Recuerdan como evolucionó la historia de las vacas locas? ¿En qué quedó? ¿Qué paralelismo hubo entre las palabras y la realidad? Ninguno. Los carniceros vendieron un poco menos durante algunos meses y luego, si te he visto, no me acuerdo. ¿Y la evolución verbal de la "ligera recesión económica"? Durante las elecciones europeas, por cierto, saltó a la prensa una cuestión que parecía importante: el uso privado, por parte de Zapatero, de un avión de propiedad pública. La cosa pasó a mejor vida al día siguiente del recuento. Hay asuntos que sólo tienen existencia en el plano verbal.

Y bien, todavía no ha llegado el otoño y la ministra de Sanidad ha comenzado a hablar de la vacuna contra el virus H1N1. El asunto de la vacuna está teniendo un recorrido verbal muy curioso, pues a veces estará lista para octubre y a veces para diciembre; a veces la población de riesgo es ésta y a veces esta otra. Es cierto que las palabras generan realidad, pero tienen sus límites. Si mueren 25.000, por poner un ejemplo, seguirán siendo 25.000, aunque usted diga 8.000. O sea, que un poco de paciencia.

La Opinión de Málaga, 24-VII-2009

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