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Sutilezas. Juan José Millás

Ya sabemos por qué transcurrieron tantos días entre el atentado de la T-4 y el comunicado de sus autores: querían que estuviera bien escrito, que fuera preciso, que su lectura no diera lugar a falsas interpretaciones. Que se entendiera, en suma. Y no era fácil expresar un pensamiento tan complejo en un texto de esa brevedad. ¿Cómo hacer ver que la falta de correspondencia entre las palabras y los hechos es una forma de cultura política y que la expresión "alto el fuego permanente", por lo tanto, puede significar una cosa los lunes, miércoles y viernes, y otra los martes, jueves y sábados? ¿Cómo convencer a la población de que el alto el fuego (permanente) tiene más sentido después de un funeral?

Si el objetivo de la furgoneta era atentar contra la vida de las personas y la integridad de los bienes colectivos, el del comunicado debía funcionar a modo de bomba lapa colocada en los bajos del razonamiento lógico. De ahí la necesidad de poner en juego toda la capacidad expresiva disponible en el mercado de la comunicación, lo que obligaba a meditar cada palabra, cada frase, cada coma que se quitaba o se ponía. Lo raro es que sólo hayan tardado diez días en redactar unas líneas que al tiempo de aclarar que esto son lentejas dejara el camino abierto a la sopa de menudillos. Se gastan más neuronas en escribir una carta que en organizar una masacre.

No vamos discutir si nos han pillado en pelotas porque hasta ahora no se expresaban bien o porque no permanecíamos atentos a la pantalla. El comunicado de ETA pasará a la historia de la expresión escrita como un modelo de limpieza semántica (incluso de limpieza étnica), en el que no vale la pena abundar. Sí sería útil, en cambio, preguntarnos qué correspondencia hay entre nuestras actuaciones y nuestros comunicados. ¿Qué quiere decir la expresión "unidad de los demócratas"? ¿Qué significa que "al Gobierno de España le corresponde dirigir la lucha antiterrorista"? ¿A qué actuaciones de orden práctico obliga "la voluntad de eliminar del ámbito de la confrontación electoral las políticas para acabar con el terrorismo"? ¿Es compatible, como hace el PP todos los días, predicar la unidad en el momento mismo de practicar la división?

EL PAIS, 12-I-2007

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