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Sustituciones. Juan José Millás

Creo que era T. S. Kuhn quien en La estructura de las revoluciones científicas aseguraba que mientras no hay un paradigma de recambio conviene funcionar con el antiguo, aunque se sepa erróneo. Se ha demostrado que resulta imposible vivir sin paradigma. Pongamos que hemos descubierto la falsedad del geocentrismo, pero que no estamos en disposición de demostrar el heliocentrismo. Pues nada, que continúe el Sol dando vueltas alrededor de la Tierra unos años o unos siglos más. ¿Qué problema tenemos? Es lo que ha venido a decir Ramón Jáuregui para justificar la no retirada del crucifijo en las tomas de posesión de los ministros y altos cargos. Carecemos de un ritual alternativo. ¿Qué ponemos en lugar del crucifijo? Pues ahora mismo no se nos ocurre, la verdad, de modo que, entre el disparate y el vacío, nos quedamos con el disparate.

Si los marcianos nos preguntaran por qué nos comprometemos a cumplir con nuestra obligación ante un señor clavado a unos maderos en forma de cruz, les diríamos que porque no tenemos otra cosa. No se nos ocurre con qué sustituirlo. Bastante trabajo nos costó sustituir las imágenes de Franco. De hecho, algunas siguen en su sitio por falta de paradigma de recambio, que diría Kuhn. Sucede lo mismo con las bodas. La gente se sigue casando por la Iglesia porque el ceremonial resulta enormemente sugestivo. No vas a comparar una catedral con un juzgado. En cuanto a los funerales de Estado, tres cuartos de lo mismo. Por fortuna, no es lo mismo un funeral de Estado que un funeral del Estado, aunque al paso que vamos tampoco sería raro que asistiéramos a sus exequias. Para el Estado, en cambio, sí tenemos recambio: la banca, la Iglesia y la empresa privada en general, que en muchos casos ya funcionan en nuestras vidas como un Estado paralelo. En algunos países afortunados tienen además una mafia.

EL PAIS, 11-VII-2008

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