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Sala de juegos. Juan José Millás

A lo mejor los tribunales de justicia parecen un bingo porque son un bingo. En cualquier caso, y por lo que uno lee y escucha, no da la impresión de que sus fallos dependan de una doctrina, sino de un bombo semejante al de la lotería. Por eso resulta cómica la seriedad con la que los políticos aseguran que acatarán esta sentencia o esta otra. Basta ya de discusiones metafísicas, por favor, no demos a las cosas más profundidad de la que tienen. El mismísimo Freud decía que a veces un puro no es más que un puro. Si un puro, con esa forma tan obscena y con ese color tan repugnante, y con ese tamaño tan agresivo, puede ser sólo un puro, el Tribunal Constitucional o el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana o el Supremo, con esas composiciones, con esas manías y con ese modo de ser que les caracteriza, podrían ser, en efecto, una sala de juegos.

Decía Todorov, con perdón, que los excesos interpretativos son tan peligrosos como su ausencia total. A Moctezuma lo mató la sobreinterpretación, que convirtió a Cortés en la encarnación de una profecía catastrófica cuyo cumplimiento esperaba. A veces damos a las cosas más vueltas de las que tienen.

Si María Dolores de Cospedal produjo la impresión de mentir al asegurar que tenían pinchados los teléfonos, es porque mintió, como ha quedado demostrado estos días. Y si Rajoy no denuncia los hechos, es porque sabe que su segunda mintió a conciencia desde su chiringuito moral de la playa. Y si usted ve las fotos del palacio de Jaume Matas y le da en la nariz que hubo en esa transacción algo oscuro, seguramente es porque hubo algo oscuro (un palacete en el centro no puede costar lo mismo que un pisito en las afueras).

Quiere decirse, en fin, que hay cosas que son lo que parecen. El Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana se ha quitado de encima un informe policial muy bien elaborado según el cual el PP valenciano se habría financiado de forma irregular. El presidente de ese tribunal, Juan Luis de la Rúa, es uno de los amiguitos del alma de Francisco Camps. ¿Qué es lo que este enjuague parece? Pues este enjuague parece lo que es, del mismo modo que a veces un puro no es más que un puro.

La Opinión de Málaga, 28-IX-2009

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