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Revalorizaciones. Juan José Millás

Qué fea es la expresión "pelotazo inmobiliario", pero qué placer proporciona a sus beneficiarios. El pelotazo inmobiliario consiste en comprar por diez y vender por mil con una diferencia de dos o tres semanas. Lo que sucede entre el día de la compra y el de la venta es que el terreno se ha recalificado. Quiere decirse que alguien lo toca con una varita mágica al tiempo que dice: "Desde ahora serás urbanizable". Y todavía hay gente que no cree en la magia. Como ya hemos entrado en campaña, los periódicos publican un día sí y otro también milagros de este tipo. Hay individuos que ganan 3 ó 4 millones de euros en lo que usted tarda en llegar a la oficina. No es justo, pero es normal. Unos parientes de Esperanza Aguirre beneficiados por una de estas operaciones milagrosas han dicho que lo suyo es normal, que entra en la lógica del mercado que los terrenos se revaloricen. Piensa uno que si lo suyo es normal, lo de de usted y lo mío es anormal, pues para ganar, trabajando honradamente, los que esos señores ganan en dos días tendríamos que reencarnarnos siete veces siete.
Lo grave es que los parientes de Esperanza Aguirre llevan razón. Los pelotazos son normales y eso es lo que los hace terribles. Si estuvieran perseguidos, como el terrorismo, su existencia sería más llevadera. Lejos de eso, se alientan, se promueven, se aplauden.

-Oiga que lo mío es normal, entra dentro del mercado.

-Pero usted le compró el terreno por dos duros a un campesino.

-Pues eso es lo que le estoy diciendo, eso es el mercado. Para eso hay campesinos, por favor, para eso hay clases sociales y alcaldes corruptos. Los sucesos más escalofriantes del mundo son normales y no me refiero sólo a los asesinos en serie, que dan de comer a las palomas, sino a los secuestros patrocinados por Bush, a las hipotecas de cuarenta años (incluso a las de treinta), al número de muertos en la carretera... Personalmente entiendo la existencia de los asesinos en serie, lo incomprensible es que no fueran perseguidos. Y eso es lo que duele del pelotazo inmobiliario: su impunidad. O sea, que a ver si nos ponemos las pilas.

La Opinión de Zamora, 20-X-2006

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