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Reglamentos. Juan José Millás

¿Quién ilumina las salas de los tanatorios? Se lo pregunté a Gonzalo Suárez y me dijo que el mismo que ilumina los supermercados. Lo pensé y concluí que era cierto. La gente, por lo general, no repara en la iluminación de los espacios en los que discurre su vida, pese a la influencia de la luz en los estados de ánimo. Es sin embargo en lo primero que se fijan los directores de cine, aunque hayan llegado a Urgencias con una peritonitis. ¿Quién ilumina ahora mismo el mundo? Estaba escuchando a Albert Espinosa en la radio, y contó que en el aeropuerto de Nueva York, delante de él, un niño llevaba una de esas bolas de plástico en cuyo interior hay un paisaje en el que nieva. Pues bien, la bola tenía más agua de la permitida por los reglamentos, así que un segurata con pocas luces se la pinchó para extraer el líquido sobrante. Quiere decirse que más que aplicar el protocolo, aplicó el protoculo (cortesía también de Suárez).

El Gobierno, por poner un ejemplo, debería encargar la iluminación de la sala donde perpetra la conferencia de prensa del Consejo de Ministros a Aguirresarobe, a Alcaine, no sé, quizá a un artista de la pintura, porque una película cutre puede ganar mucho con un buen director de fotografía y viceversa. La España actual parece iluminada por el mismo que administra el claroscuro en las salas de los tanatorios y de los supermercados. Lo más importante de la luz es la sombra, y aquí hay muy mala sombra, cada día más. Una amiga mía se llevó al velatorio de su madre una lámpara de Tiffany, para aliviar el tránsito, y la obligaron a apagarla por culpa de los protocolos (o de los protoculos). La gente de Podemos no ha hecho de momento otra cosa que cambiar la iluminación y ya la película parece otra.

 

EL PAIS, 24-X-2014

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