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Refugio político. Juan José Millás

Cuando a usted le duele la cabeza, le duele la cabeza. Y lo sabe sin género de dudas. No necesita, en fin, preguntarle al médico. Lo que espera de él es que averigüe el motivo y le solucione el problema. Quizá haya doctores locos que cuando les explicas que te has llevado medio dedo cortando jamón, te aseguran que la herida que les muestras no es una herida. En todas las profesiones cuecen habas. Sabemos de psiquiatras que diagnostican como "falta de resignación cristiana" el ataque de angustia provocado por una situación de pobreza a la que se añade de súbito el embarazo de un feto sin cerebro, sin lengua, sin ojos, y con la espina bífida. Son los psiquiatras que le gustan a Gallardón y a Rouco Varela. Psiquiatras completamente locos, claro. Los psiquiatras no son inmunes a la demencia como los cardiólogos no son inmunes al infarto ni los peluqueros a la calvicie. No sabríamos decir si hay más locura entre los psiquiatras que enfermedades coronarias entre los cardiólogos. Lo que empieza a ser evidente es que el Dios colérico del franquismo se ha colado en el Consejo de Ministros y en el Parlamento, y en la educación y en la sanidad, y ha dado los primeros pasos para meterse en la vida privada de cada uno de nosotros. Ya está ahí, asomando la patita, tomando decisiones sobre nuestro cuerpo, sobre el cuerpo de los pobres, para decirlo todo. Los ricos podrán continuar viajando a Londres con indulgencia plenaria. Cuatro misas de penitencia, un donativo al obispado y aquí paz y después gloria. Vuelve el Dios de la doble moral, el sádico, el que excomulga, por abortar, a una violada de trece años y administra la comunión a asesinos de masas como Pinochet. El Dios de las concertinas también, por cierto, del que es devoto el ministro Fernández Díaz. Ahora que empezaban a expulsarlo de Roma, le dan refugio político aquí.

 

 

EL PAIS, 03-I-2014

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