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¡Qué descanso!. Juan José Millás

Incluso para quienes hemos seguido de reojo la aventura delirante de Madrid 2020, resultaba excesiva la hinchazón retórica de las autoridades y medios. Hinchazón que, como suele suceder, se ha resuelto en un pedo que ha aliviado al paciente, aunque también, paradójicamente, le ha hecho daño. Es muy duro acudir a urgencias convencido de que tienes un ataque de angustia existencial y que te diagnostiquen una flatulencia. Pero, por Dios, hombre, ¿no ve que yo soy un filósofo o un pintor o un poeta de la experiencia?, ¿no comprende, doctor, que cuando a una persona de mi categoría le duele el pecho es por miedo a no saber quién es y todo eso? Pues no, dice el doctor, no era pánico.

En efecto, al paciente le ha desaparecido el nudo del pecho tras la liberación gaseosa, pero le ha asaltado la sospecha de que quizá sea un idiota. A los madrileños, incluido Álvarez del Manzano, que formaba, increíblemente, parte de la comitiva, se nos ha ido la desazón de los días previos al dictamen del COI (¡qué descanso, porque era un sinvivir!), pero se nos ha quedado cara de tontos. De modo que vamos a Buenos Aires con el 80% de las infraestructuras realizadas y con el 98% de posibilidades de ganar, y caemos a la primera. ¿Por qué? Porque eran gases. No había más que auscultar al enfermo para detectar los vapores retóricos asociados a una inflamación patriótica de la peor especie. En cuanto a lo de Ana Botella, la señora que Ruiz Gallardón nos puso de alcaldesa para hacerle la pelota Aznar, inenarrable, aunque francamente graciosa. Solo esperamos que ella también se haya desinflado, adquiriendo conciencia de su verdadera estatura, y que el fiscal actúe de oficio para que los golfos apandadores devuelvan lo que se gastaron en ese 80% de infraestructuras que, como el aeropuerto de Castellón, nos tenemos que tragar usted y yo.

EL PAIS, 13-IX-2013

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