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P.S.S.. Juan José Millás

Se comprenden los escrúpulos de la policía en relación a los desahucios, donde a los agentes les viene tocando el trabajo más feo. ¿Por qué no reconocerles la objeción de conciencia establecida, por ejemplo, en la sanidad pública para los médicos a los que les repugna practicar el aborto? Debe de ser duro poner en la calle a un paralítico, a un bebé, a una pareja de ancianos, a una familia sin recursos. A ver, por cierto, si la Iglesia realiza un vídeo de estas expulsiones del hogar tan terrorífico como el que distribuyó a propósito de la interrupción del embarazo. Pero dejemos de soñar: los escrúpulos morales son también un privilegio de clase. Cuando el servicio militar, la objeción le llevaba a uno directamente al calabozo. Tuvo que haber más presos que mazmorras para que se inventara lo de la PSS, que, ya ves tú, quería decir Prestación Social Sustitutoria. Las leyes son de plastilina. Cuando conviene a quien conviene, lo que era un vicio se transforma en virtud.

En todo caso, sería interesante extender la objeción de conciencia a ámbitos en los que hasta ahora no se ha experimentado. Que se reconociera, por ejemplo, el derecho de Ana Botella a dejar de ser Ana Botella en el instante mismo en el que continuar siéndolo le proporcionara algún malestar de índole moral. Quien dice Ana Botella dice Fátima Báñez, que, si no ha perdido la sindéresis, debe de estar harta de sí misma. Se trata de una propuesta egoísta, pues un servidor sería el primero en objetar la personalidad propia. No lo duden, amigos, el mundo mejoraría mucho si pusieran una ventanilla en la que apostatar de lo que se es y, de paso, de la religión a la que nos han adscrito de forma violenta. Lo que no se nos ocurre es en qué consistiría la Prestación Social Sustitutoria para dejar de ser Undargarín o, como ya ha quedado dicho, Juan José Millás.

EL PAIS, 16-XI-2012

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