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Obama es un impostor. Juan José Millás

Uno. Fraga está convencido de que si sus padres no hubieran regresado de Cuba, adonde emigraron de jóvenes, él podría haber sido Fidel Castro. Lo sabíamos. También sabíamos que si sus progenitores hubieran emigrado al Vaticano, podría haber sido Ratzinger; que si a Italia, Mussolini; que si a Alemania, Hitler; que si a Chile, Pinochet; que si a Argentina, Videla, y así de forma sucesiva. Quedándose en España, vaya por Dios, sólo pudo ser Fraga Iribarne, lo que es una mierda comparado con las posibilidades anteriores.

Dos. No dejo de darle vueltas al proceso mental por el que Fraga ha alcanzado la conclusión de que le faltó el canto de un duro para ser Fidel Castro. Un primo de mi padre aseguraba que si hubiera sido francés, habría llegado a presidente de Francia. Lo decía con tal convicción y tan a menudo que toda la familia acabó aceptándolo como una verdad incontrovertible (qué rayos querrá decir incontrovertible). Hablábamos de él con la pena con la que se habla de una carrera frustrada por el azar. —Qué pena lo de Rodrigo, que no llegó a presidente de Francia por haber nacido aquí en lugar de allí.

Tres. El primo de mi padre era representante de productos de droguería. Ganó mucho dinero cuando en España se dio el salto higiénico que puso de moda las escobillas de váter. Él lo vio venir. Adivinó que llegaría un momento en el que no habría retrete sin escobilla y se puso a fabricarlas, al principio de forma artesanal, cerda a cerda, más tarde en serie. Pero el dinero no le hizo feliz. Tampoco a su mujer, que habiendo estado a punto de ser primera dama del país vecino tuvo que resignarse a ser la esposa de un vendedor de escobillas de váter español. Cuando el primo de mi padre murió, en el velatorio no se hablaba de otra cosa: —Pobre Rodrigo, que habiendo podido ser presidente de Francia fíjate en lo que acabó. A mí todo aquello me parecía una locura que jamás me atreví a discutir con nadie, pues en la familia constituía un dogma de fe que éramos parientes de un tipo con una mala suerte política que no se merecía (ni nos merecíamos). Y no acaba ahí la cosa, porque cuando el hijo mayor de este primo de mi padre perdió el brazo derecho a los 20 años en un accidente de automóvil, empezamos a decir que de no haber sido por ese desgraciado accidente podría haber sido Santana (unas veces decíamos Santana y otras Orantes, ahora no caigo). Tantas veces se dijo ese disparate, y con tal convicción, que el chico acabó interiorizándolo, de modo que en las reuniones navideñas siempre hablaba de la frustración que suponía para él no haber sido tenista. Huelga decir que jamás había jugado al tenis ni había demostrado interés alguno por este deporte.

Cuatro. Hace años, en un taller de escritura creativa, tuve un alumno convencido de que si hubiera nacido en América, sería Bukowski. El pobre chico estaba menos dotado para la escritura que un manco para el tenis, pero él se cagaba en todo por no haber nacido en el sitio adecuado. Venía a clase bebido, con una botella de ginebra metida dentro de una bolsa de papel, y a veces vomitaba sobre el pupitre, pero jamás escribió una línea de los ejercicios que le propuse. —¿Para qué? –decía–. ¿Quién va a entender a Bukowski en este país de ignorantes? Total, que el pobre chico se tuvo que conformar con ser Pedro Gómez García, no sé si en ese orden (quizá era Pedro García Gómez), del mismo modo que Fraga Iribarne se resignó a ser Fraga Iribarne pudiendo haber sido Fidel Castro.

Cinco. Los cubanos no han tenido mucha suerte en la vida, para qué vamos a decir lo contrario. Pero estamos por asegurar que con Fraga haciendo de Fidel les habría ido peor que con Fidel haciendo de sí mismo. Además, todavía no sabemos cuál de los dos será más longevo. Puedo también asegurar que a los lectores norteamericanos les ha ido mejor con el Bukowski conocido que con el que me tocó a mí de alumno durante aquel aciago curso.

Seis. Ahora mismo, el mundo está lleno de negros que no comprenden por qué no les ha tocado a ellos ser Obama, que ni siquiera es negro del todo. Ya he conocido a uno, que vive aquí al lado, a dos pasos de casa, y con el que coincido en el quiosco del periódico. Cada vez que le hablo de Obama se pone fuera de sí. Le parece un impostor que sólo es Obama porque estuvo en el sitio adecuado en el momento adecuado, o sea, por casualidad. El mundo está lleno de gente que no fue otra cosa de milagro. Huyan ustedes de ellos, que tienen más peligro que Fraga. De nada.

Interviu, 27-IV-2009

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