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No recuerdo. Juan José Millás

Los partidos políticos y las organizaciones sindicales eran hasta hace poco una ensalada de nombres y adjetivos. Vean, si no: Partido Socialista Obrero Español, Partido Popular, Izquierda Unida, Unión Progreso y Democracia, Comisiones Obreras, Unión General de Trabajadores, etcétera. Auténticos panachés de vocablos con aspiraciones a frase, incluso a frase social, pues casi todos pertenecemos a una frase que delata nuestra clase (a Miguel Blesa le gustaban los programas de televisión populares por el placer de escuchar el habla del pueblo). En todo caso, la tendencia, ahora, es cambiar la ensalada sintagmática por una oración gramatical. Las nuevas organizaciones se llaman Podemos, Somos, Ganemos… Es como si hubiéramos pasado del lenguaje desarticulado infantil a la sintaxis. Hay más gramática en una forma verbal cualquiera que en cuatro sustantivos amables. Porque vamos a ver, yo digo que me llamo Partido Popular y no predico nada de mí (quizá, involuntariamente, que miento, pues siendo apenas lo primero difícilmente puedo llegar a lo segundo). Y si digo que me llamo Partido Socialista Obrero Español, me parezco al niño que dice pis, agua, bollo, leche, chocolate, para señalar sus necesidades inmediatas. Si digo, en cambio, Podemos ya estoy presuponiendo un sujeto de esa acción y un complemento directo a gusto del consumidor. Si digo Ganemos, igual. Si digo Somos, ya es el desiderátum porque a lo más que se puede aspirar en esta vida y en la otra es a ser. Parece milagroso que en torno a un verbo se nucleen palabras invisibles cuya eficacia no tiene nada que envidiar a las visibles. Es como si en torno a un sol real se dispusieran 10 o 12 planetas imaginarios. Pero ahora mismo no recuerdo a qué venía todo esto.

EL PAIS, 14-XI-2014

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