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Ni dan ni quitan votos. Juan José Millás

Cada vez que una mujer muere, víctima de esa forma de terrorismo que denominamos "violencia machista", se debería montar un dispositivo semejante al que asistimos cuando ETA asesina. El presidente del Gobierno debería desplazarse en consecuencia al barrio o a la ciudad de la fallecida y dar el pésame personalmente a sus hijos o padres. Habría que habilitar también una capilla ardiente por la que desfilaran los vecinos de la fallecida, así como los representantes de las más altas instituciones del Estado. Tampoco estaría mal distinguir a la difunta con algún tipo de condecoración que sirviera para alimentar su memoria. No basta con condenar a los verdugos; hay que ensalzar y proteger también a las víctimas para que vayamos comprendiendo que no mueren por casualidad ni por mala suerte ni que se trata de un caso aislado. Caen a tutiplén (no sé si han muerto cinco o seis en los últimos días) y a consecuencia de una violencia estructural soportada por una ideología difusa.

El PP y el PSOE, que en otras épocas se han tirado a la cabeza los muertos de ETA, jamás han discutido, curiosamente, por las víctimas de la violencia machista. ¿Por qué? Quizá porque las asesinadas por los machos ibéricos no dan ni quitan votos. De algún modo, se considera que el crimen cometido en el salón o en el cuarto de estar de la vivienda es un asunto privado. Se le da una cobertura verbal para salir del paso, pero se trata de una cobertura retórica. Nadie se atrevería a decir que esas mujeres están bien muertas, pero tampoco se llevan a cabo los rituales precisos para dejar bien claro que todas ellas son, o deberían ser, un asunto de Estado.

Ideología subterránea, ya decimos. Ideología que empapa, como la lluvia fina de Aznar, los encéfalos de todos y cada uno de nosotros (y de nosotras, desde luego). Cada vez que una mujer muere a golpes (a veces también son descuartizadas) se toman de las estanterías del todo a cien cuatro frases condenatorias desgastadas por el uso, se pronuncian con gesto funcionarial y a otra cosa, mariposa. El Ministerio de Igualdad debería tomar cartas, urgentemente, en el asunto. ¿O no es verdad que todos los terrorismos son iguales?

La Opinión de Málaga, 23-VI-2009

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