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Modelos. Juan José Millás

Siempre enciendo la tele con la esperanza de que salga Martínez Pujalte en el telediario. Admiro su rigor, su tolerancia, su firmeza, su expresión clara, su sintaxis y su pasión por la verdad. Sólo le pongo un pero: ese exceso de sensatez a la hora de establecer conclusiones. Quizá la prudencia sea inherente al cargo, pero nosotros, que no tenemos ninguna obligación a ser sensatos, podemos y debemos decir lo que él sólo se atreve a insinuar: si algo ha quedado claro en la comisión del 11-M, es que hubo una autoría intelectual del atentado sobre la que el PSOE echa tierra porque el nombre que se oculta tras la X no es otros que el de Rodríguez Zapatero, cuyos contactos con el terrorismo internacional son bien notorios. Señores socialistas, dejen ya de hablar como si Acebeces hubiera sido el ministro del Interior y Aznar el presidente del Gobierno cuando se produjo la matanza, porque es tanto como intentar convencernos de que Trillo era ministro de Defensa cuando el Yak-42 o Cascos de Fomento cuando el Prestige.

Menos mal que los días que no sale por la tele Vicente Martínez Pujalte aparece el presidente de la Conferencia Episcopal o, en su defento, José Gea, el obispo de Mondoñedo. Qué claridad de juicio también la de estos individuos. De no ser mayores que Pujalte, parecería que han sido alumnos suyos. Los homosexuales y las lesbianas deberían estarles agradecidos porque cuando estos principes de la Iglesia denigran su condición venérea, están poniendo en evidencia el desvarío que implica esa loca pretensión de gozar de los mismos derechos civiles que las personas sexualmente sanas. Pero lo que más nos conmueve de los obispos es también su tolerancia, demostrada no sólo ahora, sino a lo largo de la historia. Cómo olvidar su pasión por Franco, por Pinochet, por Videla y otros demócratas ilustres. Allá donde un fascista se levanta para defender la libertad, ahí está la Iglesia jugándose el pellejo.

La sociedad actual no proporciona héroes positivos. Pero produce, en cambio, muchos modelos a los que no parecerse. Si usted consigue que sus hijos no se parezcan a Martínez Pujalte ni al obispo de Mondoñedo, usted ya habrá hecho bastante por la humanidad.

EL PAIS, 23-VII-2004

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