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Misoginia. Juan José Millás

Si la discusión respecto a Todas putas es si debe prohibirse su publicación, conviene apresurarse a manifestar que no. Pero tampoco debe prohibirse el derecho a criticar el libro ni a poner en evidencia el entorno político de su editora, que, quizá por una coincidencia desgraciada, se ha mostrado históricamente tibio a la hora de condenar la violencia de género. Resulta increible que el hecho de mostrarse en desacuerdo con un libro se interprete a estas alturas como un apoyo a la práctica de la censura. Es evidente que la actividad editorial, como la pesca, la caza, el bricolaje o la jardinería, no debe tener otros límites que los que marca la ley.

Se me ocurre un ejercicio de ficción tan defendible com los que aparecen en Todos putas: supongamos que un simpatizante de ETA publicara un cuento cuya acción se redujera al asesinato de concejales del PP y del PSOE por parte de su protagonista. Imaginemos que el autor calificara de muy sano el odio a esos partidos políticos. Puestos a suponer (no es fácil, pero hagamos un esfuerzo de imaginación), supongamos que el cuento sea tan malo como El violador, de Migoya, y que tuviera la misma complejidad moral, o sea, ninguna. No vamos a llevar el ejercicio de ficción al extremo de que el editor del cuento fuera ministro del Interior por miedo a resultar inverosímiles y para que no nos tachen de delirantes.

Hagamos ahora el mismo ejercicio imaginario con un nazi que publicara un libro de cuentos cuyos protagonistas gasearan judíos; con un racista cuyos personajes asesinaran negros; con un homófobo en cuyos relatos se maltratara a los homosexuales... ¿Seríamos tan solidarios con el terrorismo de ficción y el nazismo de ficción y el racismo de ficción y la homofobia de ficción como con la misoginia de ficción? Lo dudo. El problemas es que mientras no nos demos cuenta de que las mujeres son al misógino lo que al español al etarra y lo que el judío al nazi y lo que el negro al racista y lo que el homosexual al homófobo, es decir, mientras la misoginia no nos produzca el mismo espanto que le terrorismo, el nazismo, el racismo y la homofobia, las mujeres continuarán cayendo como moscas (cincuenta, casi, en lo que va de año).

EL PAIS, 30-V-03

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