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Marcianos. Juan José Millás

Los raelianos son una peste como todas las sectas, pero en una cosa llevan razón: somos extraterrestres. Por eso nos asombran las puestas de sol, las cataratas del Niágara, la selva virgen y el Círculo Polar, por citar sólo cuatro o cinco tonterías. Pruebe usted a asearse en un cuarto de baño ajeno y verá cómo le extraña todo; es natural.

Ayer parió la perra de un amigo en cuya casa me encontraba casualmente de visita y asistimos al espectáculo con la boca abierta. El animal expulsó ocho o nueve criaturas sin pelo a las que lamió con un mimo que casi hizo que se nos saltaran las lágrimas. Si esto fuera normal, me dije, no nos estremecería su contemplación. Y lo de los mamíferos no es nada comparado con lo de las aves, que se reproducen de la manera más alambicada y retórica que quepa imaginar. No sé si el huevo va contra natura, pero desde luego va contra el sentido común y contra las leyes de la verosimilitud.

Hemos venido de fuera, pues. Todo lo que se mueve es marciano, incluidos los peces y los insectos y los lamelibranquios. Los seres vivos procedemos sin duda de un lugar donde no necesitábamos el cuerpo para vivir ni para ir a la oficina (en el caso de que en nuestro lugar de origen hubiera oficinas). Pero debió de suceder alguna catástrofe que nos hizo emigrar. Lo más probable es que vagáramos durante millones de años de galaxia en galaxia buscando un sitio en el que establecernos hasta que dimos con la Tierra. La Tierra estaba bien por las cataratas del Niágara y por la selva virgen, ya lo hemos apuntado; además, tenía muchas horas de luz, y otoño y primavera y verano... El único problema es que en la Tierra no se podía vivir sin cuerpo, porque aquí todo es muy corporativo.

Entonces nos pusimos a ello: a construir un cuerpo, y nos salieron varios, porque los probamos con vértebras y sin vértebras, con cuatro patas o con dos, con pico o boca, con cabeza como nosotros o acéfalos como el mejillón. Ensayamos todas las posibilidades, en fin, y creamos multitud de prototipos. Por eso nos salió un mundo que parece un zoológico. Pero, si se fija atentamente, verá que el cuerpo es un traje espacial. Somos extraterrestres, en fin, y en eso es en lo que llevan razón los raelianos.

Publicado: EL PAIS

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