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Mal asunto. Juan José Millás

Escucho a los detractores de Chávez con la misma distancia que a sus apologistas. No he logrado, lo siento, construir un criterio propio sobre el presidente de Venezuela. En vez de eso, dispongo de la caricatura que él mismo se empeña en construir cada vez que abre la boca. Ahora ha decidido acabar con "la dictadura de Hollywood" creando unos estudios cinematográficos que producirán películas sobre los grandes héroes venezolanos. Chávez ha apoyado su decisión en ideas de manual (y de todo a cien) tales como que el cine constituye una forma de dominación ideológica, ya que es el vehículo a través del que se inoculan los modelos de vida estadounidenses. Por eso, ha añadido, los indios, en las películas del Oeste, son siempre los malos. Acaba de descubrir América.

Conmueve encontrar temperamentos tan inocentes. La pretensión de acabar con Hollywood, o de neutralizarlo, desde un país sin industria cinematográfica es un delirio. Promocione usted el cine de su país, pero no le imponga una tarea tan difícil. Es como si ordenara crear una religión netamente venezolana para competir con el Vaticano. O una novelística del siglo XIX, para acabar con la tiranía de la novela europea de ese siglo. Madame Bovary es un modelo jodido, de acuerdo, a través del que se inocula el modo de vida francés, pero es improbable que acabara con ella un novelista venezolano de nuestra época, aun haciendo horas extras. Con todos los respetos, tampoco le aconsejo, señor presidente, que intente inventar las salchichas de Francfort, aunque sea con el noble fin de acabar con la tiranía alemana de los productos cárnicos.

Piense usted en áreas menos explotadas, o donde hayan fracasado otros. El socialismo, sin ir más lejos, está por hacer. Y no debe ser fácil a juzgar por el talento de la gente que lo ha intentado a lo largo de la historia. Te pones a hacer el socialismo y al principio parece sencillo, sobre todo si has leído a Marta Harneker. Pero después de los primeros pasos, el manual de instrucciones no sirve para nada. Entonces es cuando un funcionario trepa, listo y con gafas nos convence de que lo primero es acabar con Hollywood, o con la novela francesa del XIX. Mal asunto.

EL PAIS, 09-VI-2006

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