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Los nombres. Juan José Millás

Resulta escandaloso que llamemos "tirar de la cadena" al hecho de accionar el dispositivo de la cisterna del retrete. ¿Es que nadie se ha dado cienta aún de que no hay cadena del mismo modo que en el matrimonio entre homosexuales no hay mater? Qué fatiga produce tener que demostrar, semana tras semana, lo evidente. Para tirar de la cadena, tiene que haber cadena, por favor. Nos subleva la pasividad con la que los individuos y las instituciones asisten a este horrible espectáculo por el que se deja de llamar a las cosas lo que son. Y a ver si se nos entiende bien: no es que estemos en contra de los mecanismos de evacuación actuales. Lo que nos indigna y crispa es que se le llame tirar de la cadena a una cosa que no sabemos lo que será, porque no somos longüistas, pero que no es tirar de una cadena ni nada que se le parezca remotamente.

Y esto no es una opinión personal, sino que está en la propia naturaleza de los hechos. Vaya usted ahora mismo al cuarto de baño, inclínese sobre la cisterna y apriete el botón. ¿Acaso ha tirado de alguna cadena? ¿No? ¿Pues por qué lo llama así? Tampoco queremos decir que se le llame "apretar el botón", pues no todas las cisternas tiene botón. Que se le llame como se quiera, en fin, con tal de no atentar contra el significado original de la expresión tirar de la cadena, que quiere decir tirar de la cadena del mismo modo que matrimonio significa matrimonio. Estoy seguro de que ningún obispo de los que se oponen, con toda la razón, a llamar matrimonio a la unión de dos homosexuales llama tirar de la cadena a la acción de poner el marcha el sutil mecanismo de la cisterna del cuarto de baño de su palacio. ¿Por qué? Porque son gente culta y a la que le gusta llamar al pan pan y al vino vino.

Y a ver si nos aclaramos también con el significado de nación, porque no estamos dispuestos a arrojarlo por el retrete tirando luego de lo que haya que tirar, y que ya se ha demostrado que no es una cadena. Si es preciso volver a las trincheras, se vuelve a las trincheras, pero que quede claro que una cosa es el matrimonio, otra la nación y otra la cadena. Y no es que uno esté en contra de las cadenas; al contrario, vivan las cadenas, pero llamando a las cosas por su nombre.

EL PAIS, 24-XII-2004

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