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La ruleta rusa. Juan José Millás

Cada familia española tiene un arma, o dos, en el garaje de su casa. El arma se llama coche. Las familias que no disponen de garaje, abandonan el arma en la calle con el gesto cansado con el que el policía se desprende de la sobaquera al entrar en su piso. Así que hay armas en todas partes: en las viviendas, en las plazas, en las alamedas, en los sótanos de los grandes almacenes... Las autoridades piden que las utilicemos con prudencia, tal es su obligación, pero no se puede estar jugando a todas horas con una pistola sin que de vez en cuando se dispare. En EE.UU., donde la posesión de rifles es tan legal como la de automóviles, los rifles organizan de vez en cuando una carnicería porque ésa es su vocación. Sin embargo, no prohíben los rifles. Allá ellos.

Nosotros no prohibimos los coches. Nos limitamos a recomendar prudencia en su utilización. Ahora, con la mejor de las voluntades, se ha puesto en marcha una campaña dirigida a sensibilizarnos acerca de los accidentes absurdos de cada fin de semana. Se trata de que esas muertes nos escandalicen tanto como cualquier otra. Pero es inútil.

El coche cumple entre nosotros la misma función que las armas en EE.UU.. Son el símbolo de nuestra riqueza, de nuestra independencia, de nuestro poder sexual. No podemos renunciar a él sin sentirnos un poquitín castrados como los estadounidenses no pueden renunciar a las pistolas sin perder algo de su virilidad. La vuelta al transporte público está bien para los discursos, pero no para el día a día. Por eso, cada mañana jugamos a la ruleta rusa con los modelos de tracción a las cuatro ruedas. Nos gusta la ruleta rusa. Hagan campañas a favor del cinturón de seguridad, pero no se pongan ñoños con los muertos.

Lo curioso es que esas armas que guardamos en el garaje están alimentadas con un líquido precioso, el petróleo, que procede de países a los que ni entendemos ni nos entienden. Cada año, nos asombran las muertes que produce la peregrinación a la Meca. Pero nosotros vamos a la Meca todos los días de la semana, aunque los puentes más, con las consecuencias que revelan las estadísticas. Es todo muy confuso.

La Opinión de Zamora, 09-V-2006

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