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Hipocondría y santidad. Juan José Millás

A Juan Pablo II le han registrado la biografía y le han encontrado varios milagros, todos relacionados con curaciones imposibles. Milagro y curación son casi sinónimos. La gente va a Fátima o a Lourdes para que le arreglen el aparato locomotor, el digestivo o el nervioso. No se sabe de nadie a quien le haya tocado la lotería por intercesión de un santo. En algunas iglesias hay todavía una zona reservada a los exvotos, donde los creyentes depositan piernas o cabezas de cera para dejar constancia de la parte del cuerpo de la que han sido curadas. Sorprende la insistencia de la tradición milagrera en lo meramente corporal. No conocemos ningún caso de que un tonto, tras ser tocado por un santo, se haya vuelto listo. La religión nos dice por un lado que la parte más importante de nosotros es la espiritual, pero sólo realiza portentos con la orgánica.

Un compañero de colegio escribía en la primera página de los libros de texto el siguiente poemilla: "Virgen santa, Virgen Pura, haz que apruebe esta asignatura". Lo curioso es que sólo aprobaba la gimnasia, donde no había libro. Pero se curó inexplicablemente de un estrabismo que según los médicos únicamente podía remediar la cirugía. Un día se levantó de la cama y tenía los ojos bien. En su casa, que eran muy religiosos, lo atribuyeron a la intervención de Santa Lucía. Cuando un santo atraviesa una ciudad, los cojos andan, los ciegos ven, los muertos resucitan. Tal es la leyenda, muchas veces cumplida. Pero no se ha dado el caso de que los políticos corruptos dimitan, los salarios aumenten, la empresas de trabajo temporal desaparezcan.

A Juan Pablo II lo van a canonizar enseguida por haber curado tumores, parálisis, dispepsias. Podrían hurgar un poco más en su biografía, a ver si le encuentran milagros relacionados con la mente, el alma, el intelecto. Ya está bien de trabajar en exclusiva para los hipocondríacos. Hay personas con necesidades de otro tipo a quienes los santos tienen completamente olvidadas. La salud es importante, pero no es todo. Están también el dinero y el amor. El mundo necesita, como nunca, milagros económicos y afectivos. A ver si llegan.

La opinión de Zamora, 19-IV-2005

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