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Gente que oye voces. Juan José Millás

Tony Blair se ha encomendado al juicio de Dios y de la Historia (por este orden) para justificar la invasión de Irak. Aquí sabemos muy bien lo que significan ese tipo de apelaciones porque estuvimos cuarenta años gobernados por un individuo elegido por Dios (y por la Historia, claro). De hecho, en las monedas de la época ponía: "Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios". Lo peor es que Dios, y sus representantes en la Tierra, estaban de acuerdo con este modo de selección política. El Vaticano se sentía tan identificado con la leyenda de nuestra calderilla que delegó en Francisco Franco la tarea de proponer obispos. Mandaba más en la Iglesia el Generalísimo que el Nuncio. ¿Qué necesidad teníamos de urnas cuando el mismísimo Creador se ocupaba de seleccionar al personal?

Pues eso. ¿Para qué continuar incordiando con la guerra de Irak y su secuela de muertos, mutilados y torturados cuando el que ha movido los hilos de la invasión ha sido un ser superior? Ya Bush, en su día, confesó que había recibido órdenes de arriba. Pero a Bush no nos lo tomábamos en serio porque es un tipo pintoresco, con las neuronas hechas polvo debido al alcohol. Se le puede aparecer el mismísimo Mahoma, y quizá se le haya aparecido en alguna ocasión. Pero Blair daba la impresión de tener un temperamento más científico. Podía ser malvado, pragmático, un punto psicópata si ustedes quieren, pero no imaginábamos que tenía visiones. El problema de la gente con visiones es que siempre recibe unas órdenes desastrosas. No se ha dado el caso de que una visión que recomiende hacer un regalo al vecino. La gente que oye voces (pertenezcan a Dios o la Historia) se dedica, indefectiblemente, a matar. Qué curioso.

Así las cosas, creíamos que los fanáticos eran ellos y resulta que nosotros también invadimos países y destruimos torres (gemelas o no) por imperativo religioso. Lo acaba de decir Blair, que además pertenece al partido Laborista. No queremos ni pensar lo que dirían los conservadores. El problema del juicio de Dios y de la Historia es que nunca llega. Y a nosotros nos gustaría que se liquidaran responsabilidades en un tiempo razonable.

La Opinión de Zamora, 07-III-2006

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