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Fútbol. Juan José Millás

La Liga de fútbol es un regulador intestinal, un tonificador cardiaco, un estimulante muscular. Comienza a finales de agosto para atenuar los efectos colaterales del 1 de septiembre en el cuerpo social. Es posible que durante el verano hayamos descubierto que no amamos a nuestra esposa, o que ella nos detesta; tal vez en ese raro instante de lucidez que proporciona la siesta veraniega, nuestra vida nos haya parecido un desastre; es posible que ni siquiera tengamos el proyecto de iniciar una colección de fascículos. Pero nos sentamos frente a la tele, y aparece la Liga como una referencia moral imperturbable. Siempre es la misma, no importa quién gobierne ni el precio del barril de petróleo. Por si fuera poco, en el Madrid ha brotado Robinho como en otras temporadas brotaron a Beckham o Ronaldo. Robinho no es un jugador, es un hechicero. No jugó, hizo magia negra.

Crecí convencido de que odiaba el fútbol. Y resulta que me estremece. ¿Puede uno equivocarse tanto y durante tantos años? Es evidente que sí, y en varias direcciones. Un pintor de éxito me confesó este verano que aborrecía el arte. Se había dado cuenta al despertarse de una siesta, en la playa, y ver que el mar real era idéntico a una pintura abstracta. Me gusta el fútbol, aunque todavía no sé lo que me dice. De momento, me ha ayudado a instalarme en septiembre como en el interior de un suéter viejo y protector. Desde ese espacio, escucharé el mensaje del balón hasta que haya logrado descifrar su sentido. No me avergüenza confesar que este cambio tiene todas las características de una conversión religiosa, por lo que me empaparé también de los textos sagrados sobre la materia, bajo cuya luz los partidos alcanzarán un resplandor inédito.

No será un camino de rosas. Al fútbol, como a Dios, se puede llegar a través del éxtasis o de la ascesis. Yo soy asceta. Todo lo he conseguido a fuerza de privaciones, de trabajo, de estudio. Sospecho que tampoco en este ámbito del conocimiento se me regalará nada. Desde aquí me encomiendo a Segurola y a De la Morena, cuya guía espiritual me ayudará, una vez que la verdad me haya sido completamente revelada, a saber a qué equipo pertenezco.

EL PAIS, 02-IX-2005

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