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Funcionamos. Juan José Millás

Si la crisis económica hubiera provocado la caída de publicidad de la que hablan los responsables de los medios, debería notarse ya en nuestros cerebros y en nuestros corazones. De hecho, para conocer el estado físico y emocional de un grupo humano, lo primero que conviene es averiguar la cantidad de publicidad en sangre de ese grupo. Si nos arrebataran de golpe el torrente publicitario que fluye en nuestras venas (televisión, periódicos, vallas callejeras, móviles, radio, autobuses, metro, taxis, correo ordinario, boca a boca, Internet, etc.), nos quedaríamos catatónicos. Imaginen una vida sin Intimísimi, sin Renault, sin Telefónica, sin Fayri, sin atún claro Calvo, sin ron Bacardí, sin el Gordo de la Lotería Primitiva (Lotería Primitiva, Dios mío, qué nombre). No es posible, pues, que se haya producido la catástrofe de la que nos informan, a menos que la realidad haya empezado a sustituir, en plan metadona, a las operaciones de propaganda. ¿No son, en cierto modo, los congresos de los partidos actos publicitarios? ¿No son las campañas electorales campañas de publicidad? ¿No ha sido la turné del Papa un anuncio? ¿De qué?, cabría preguntarse.

No tenemos ni idea, pero eso nos pasa también con los spots de la tele: cuanto mejores son, más dificultades tenemos para retener el producto que divulgan. En este orden de cosas, el viaje de Obama a Irak y Oriente Medio es una obra maestra, pues le hemos comprado a ciegas lo que vende, sea lo que sea. Si votáramos en las elecciones estadounidenses, obtendría el 80% de los votos. ¿Y en el fondo qué sabe la gente de este señor, además de que es mulato y guapo? Pues lo mismo que de Tinto de verano don Simón, tinto de verano para ti, tinto de verano hay que beber, viva don Simón. Quiere decirse que no estamos tan mal. El sistema, pese a la crisis económica, funciona.

EL PAIS, 25-VII-2008

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