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Fulgores. Juan José Millás

Instrucciones para tener una experiencia rara: cómprese (mejor a plazos) una cinta de correr y andar y hágale un hueco en el dormitorio. Las hay con diversas prestaciones, en función del precio, pero basta con que tenga dos o tres velocidades para aumentar el ritmo una vez que se le hayan calentado los músculos. Súbase a ella, póngala en marcha y comience a caminar. No le preocupe no ir a ningún sitio; es más, disfrute de la curiosa sensación de andar sin desplazarse. Acepte el absurdo como parte del juego y extráñese del curioso paisaje formado por la cama, el armario empotrado, el tocador, quizá el galán de noche con sus hombros desnudos y una corbata colgándole de cualquier parte, a la manera de una víscera.

Cuando lleve diez minutos andando, aumente un poco la velocidad de la cinta y cierre los ojos. Ahora, mientras camina a ciegas, sufrirá la experiencia más rara que quepa imaginar. Notará enseguida que, más que andar sobre una cinta móvil, se mueve en realidad por el interior de usted mismo. No verá nada, porque no hay nada más oscuro que un cuerpo ni más negro que la conciencia, pero enseguida comenzará a percibir sonidos familiares, quizá el ruido de un par de palas golpeando alternativamente a una pelota. Eso quiere decir que ha llegado usted a una playa, quizá la playa de su infancia. A medida que avance, los golpes sonarán más cerca de sus oídos. Quizá tenga suerte y se produzca dentro de usted un fulgor, una especie de fuego fatuo que le permita ver por unos instantes a los jugadores: tal vez su padre y su hermano mayor, tal vez usted mismo y un amigo.

Quien habla de la playa, habla del patio del colegio. Las experiencias son de lo más variado, depende de la concentración que se ponga en el paseo y de la biografía del usuario de la cinta. Hay personas que cuando llegan a uno de estos lugares prefieren reducir (siempre sin abrir los ojos) la velocidad del aparato y caminar a ritmo de paseo. Hay, por el contrario, quienes echan a correr. Corriendo mucho, si la cinta es muy buena, puedes llegar al útero mismo de tu madre en una sola sesión. Se recomienda volver a la realidad poco a poco. Algunas cintas tienen marcha atrás.

EL PAIS, 01-XII-2006

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