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El que calla otorga. Juan José Millás

La reforma laboral comienza a parecerse al viaje al centro del PP, o sea, que nunca se alcanza. Y no por falta de voluntad. Desde hace treinta años, con crisis o sin ella, la derecha y los empresarios aseguran machaconamente que hay que abaratar el despido. Las reformas laborales siempre consisten en abaratar el despido. No ha habido a lo largo de la historia de la democracia una sola petición de reforma laboral que consistiera en encarecer el despido. Uno no conoce las leyes laborales (si existen), pero uno sabe que apenas quedan despachos de abogados laboralistas. Cerraron por falta de clientes. Y es que para defender a los trabajadores hacen falta leyes, cuando todos sabemos que la única ley, en el mundo del trabajo, es la de la selva.

¿Qué rayos es eso de abaratar el despido? ¿Acaso está caro? Conozco decenas de personas que llevan veinte años trabajando de eventuales. ¿Cuesta mucho despedir a un eventual o basta con no contratarlo? Asegura la derecha económica que si no costara un céntimo despedir, las empresas contratarían más y se acabaría la crisis esta, provocada por las indemnizaciones millonarias de los trabajadores. Daría risa si no produjera lástima. ¿Para qué están las subcontratas, hombres de Dios, para qué las empresas de trabajo temporal, para qué el ejército de parados a las puertas de las empresas? Si uno fuera un marciano recién llegado a la Tierra y tuviera que informar a sus superiores sobre las condiciones laborales de los habitantes de este planeta, diría que aquí quienes mandan son los trabajadores. "Los pobres empresarios", añadiría uno en su informe, "llevan años luchando por unos sistemas de contratación justos, pues los obreros los sangran tras hacerse despedir".

Uno informaría de ese modo no sólo porque los llantos de la patronal infestan todos los telediarios, sino porque los sindicatos callan, como otorgando. No deja de resultar curioso que sea el presidente del gobierno quien un día sí y otro también aparezca en la tele asegurando que el despido no se abaratará. Da la impresión de que llena con su presencia la ausencia de los representantes de los trabajadores. El asunto no puede ser más anormal, sobre todo porque el despido ya está barato.

La Opinión de Málaga, 26-VI-2009

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