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El chollo de Trillo. Juan José Millás

Qué estaría diciendo Federico Trillo si la chapuza criminal del Yak-42 hubiera sucedido, idéntica a como se produjo, con un gobierno socialista? ¿Qué le pediría Trillo al exministro de Defensa de la época? ¿Qué adjetivación utilizaría para describir la cobardía, la indignidad, la indecencia, la obscenidad, el descaro, el impudor y la inmoralidad de ese político? ¿Acaso se imaginan ustedes a Trillo apoyándolo? ¿Son capaces de ver a Trillo (Federico) asegurando que su adversario político actuó de buena fe? ¿Sería tan benévolo con él como lo está siendo consigo mismo? Es evidente que no y es evidente también que tendría razón en no ser benévolo. Resulta escandaloso que un tipo capaz de ordenar llevar a cabo aquel mejunje con los muertos continúe en la vida política y dando lecciones de moral, como es frecuente en él. Si no hay nada ni nadie capaz de obligar a Trillo a retirarse, la política es una basura de arriba abajo y hay que dar la razón a los antisistema, por doloroso que resulte.

No puede ser, no puede ser, no puede ser. No puede ser, Santo Dios, como diría la Salmones. Durante el juicio hemos escuchado testimonios de los familiares de los fallecidos que habrían puesto los pelos de punta a Jack el destripador. Lo único que le importaba al gobierno de la época era que el asunto no se prolongara demasiado. Por eso ordenó que colocaran las cabezas decapitadas sobre cualquier hombro y las manos sueltas al extremo de cualquier brazo. Deprisa, deprisa, no vaya a ser que la opinión pública se dé cuenta de las condiciones en las que se efectuaban aquellos vuelos de la muerte. Hagamos un funeral de Estado, cubramos los féretros de medallas y a otra cosa, mariposa. Y ahí sigue el cínico de Trillo, el inmoral de Trillo, el mentiroso de Trillo, el payaso de Trillo, dando lecciones de moral (de moral opusdeísta, claro) a diestro y siniestro. Qué sujeto.

Pues no, señor, no puede ser. Alguien tiene que hacer algo. Alguien debe explicar a Trillo que ha de actuar como le exigiría actuar a un adversario en idénticas circunstancias, o sea, que tiene que largarse. Y largarse contento, puesto que un general (un general detritus, si hay que decirlo todo) carga con los tres años de cárcel de la sentencia. ¿Es o no es un chollo para Trillo?

La Opinión de Málaga, 22-V-2009

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