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El Canon. Juan José Millás

Mis padres no se creyeron que era escritor hasta que salí en la tele. Para entonces, ya había publicado tres o cuatro novelas, pero en aquella época no eras nadie si no había salido en La Primera. Ahora es al revés. Si te ven en la tele, pensarán que eres un pederasta o un hijo natural de Jaime Ostos, pero no un escritor. Y es que los criterios para que te incluyan en el canon cambian en función de la moda. Además, cada cabeza tiene su propio canon. Para algunos, llega a pasar por haber ganado el Planeta, mientras que para otros un premio comercial es un baldón. Si quieres ser feliz, has de vivir rodeado de peronsas cuyo canon coincida con tu currículum.

Pero no es fácil, entre otras cosas, porque a veces te cambian de canon sin comerlo ni beberlo. A un escritor amigo, que llevaba toda su vida en el club de los escritores de culto, le salió sin querer un best seller y lo echaron a patadas. Ha liquidado la hipoteca y tiene una casa propia, sí, pero desde el punto de vista del canon se ha quedado en la calle. Lo curioso es que muchos escritores que no tuvieron en su vida otro objetivo que el de pagar la hipoteca han pasado a la historia de la literatura, mientras que otros cuya ambición era instalarse en la posteridad han desaparecido en las simas del olvido. Y esto, que quede entre nosotros, porque sí le dices a Botín que un préstamo bancario puede ayudarte a entrar en las enciclopedias, gravará los créditos de los escritores con una comisión.

Mi asistenta no se creía que yo vivía de escribir hasta que vio una chica en el metro con un libro mío. Entré en su canon gracias al transporte público, ya ven. Pero lo que quería decir es que teníamos pocos cánones y parió la abuela, porque ahora mismo no eres nadie si te han invitado a la boda, pero tampoco eres nadie si no te han invitado, depende dek modelo desde el que te juzguen. Así que tenemos de golpe dos cánones más en los que codazos por entrar. La Monarquía debería ser un factor de concordia, porque para pelearnos no necesitamos a nadie. El caso es que, pese a haber salido una vez en la tele y otra vez en el metro, mi asistenta y mis padres me han expulsado de sus cánones porque dicen que si Letzia, que es periodista, no me conoce es que no existo. Perra vida.

EL PAIS, 21-V-2004

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