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El caballo de vapor. Juan José Millás

Leo con asombro que un clérigo paquistaní ha ofrecido un coche y 14.000 euros, por este orden, a quien asesine al caricaturista de Mahoma. Sorprende la vigencia del automóvil. Era el premio más preciado del Un, Dos, Tres (hasta que apareció el apartamento en Torrevieja) y sigue siéndolo en el ámbito de las creencias religiosas. Ni huríes, ni vírgenes, ni Cristo que lo fundó (con perdón): dennos un Seat Toledo y moveremos el mundo. He dicho un Seat Toledo al buen tuntún, pues el clérigo no ha especificado marca alguna. Todos sabemos que no es lo mismo un Twingo (¿se escribe así?) que un Mercedes. Pero lo importante es el concepto coche; la materialización resulta secundaria.

Parece mentira que a nadie se le haya ocurrido todavía fundar una religión basada en la adoración al profeta Automóvil, o al Dios Tráfico. La marcha de nuestra economía depende, en gran medida, de las ventas medias de automóviles. Ninguna otra actividad, excepto la construcción, produce tantos empleos indirectos. Ni tantos muertos de fin de semana. Una industria que proporciona prosperidad económica y cadáveres debería ser admitida en el club de las religiones históricas. Hay nichos de mercado a los que no se presta ninguna atención. Van a tener que venir los musulmanes a hacernos comprender la importancia de esta industria. El coche lo tenía todo, pero quizá le faltaba el toque místico que acaba de darle el clérigo paquistaní. Si usted mata al caricaturista de Mahoma, nosotros le damos un Cuatro por Cuatro. Cuatro por Cuatro no quiere decir, sorprendentemente, Dieciséis, pero eso es materia para otra columna.

Resulta evidente que el Islam no está en la Edad Media. Conocen las ventajas de caballo de vapor. Ahora les falta descubrir el apartamento en Torrevieja, que es una religión menor (una secta si ustedes quieren) de gran penetración en las clases medias cristianas. El día en el que por matar a un caricaturista te entreguen las llaves de un apartamento en Torrevieja, el Islam y la Cristiandad se habrán encontrado. Tal vez el coche sea el profeta del apartamento, con perdón de los profetas (y de los apartamentos). Lo que hace falta es que sea para bien.

La Opinión de Zamora, 21-II-2006

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