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El arroz. Juan José Millás

El buen acosador sabe que los insultos tienen un límite. Si no se pasa a las manos en el momento justo, el matón pierde prestigio, autoridad, reputación, influencia. Tal comienza a ser el caso del PP. Por Dios, han llamado a Zapatero cobarde, bobo, terrorista, traidor, loco, esbirro de ETA, triturador de la Constitución, golpista... ¿A qué esperan para pegarle? No pedimos que le rompan las piernas, pero tampoco le vendría mal una tanda de empujones. En el Congreso hay un patio parecido al de los colegios (el colegio, por lo que vemos, continúa siendo una excelente representación de la vida) donde podrían esperarle Acebes, Zaplana y Rajoy un día cualquiera. En principio, se trataría de darle un susto, de pasárselo de mano en mano mientras le mientan a la madre y Martínez Pujalte suelta dos o tres siniestras carcajadas desde la ventana de la clase. Nada de dejarle señales, sólo la humillación de que se vea zarandeado y comprenda quién manda.

El PP prepara estos días un homenaje a Fraga, que ha pedido perdón por los errores que pudiera haber cometido durante la democracia, pero no por las barbaridades que perpetró, como sicario de Franco, bajo la dictadura. Lo bueno de las dictaduras es que uno sólo es responsable de sus actos ante Dios y ante la historia. Se puede matar y torturar y encarcelar sin problemas de ningún tipo. Cada sistema tiene sus pros y sus contras, pero la gente lista los atraviesa todos sin romperse ni mancharse. Es el caso de Fraga, que habiendo salido de la nada en un coche oficial, logró alcanzar la más profunda de las miserias morales sin bajarse de él.

Pero es que Fraga supo combinar los insultos con los golpes. Cuando se tenía que quitar la chaqueta para amedrentar a un contrincante, se la quitaba y le invitaba a salir a la calle. Y si eran más de uno llamaba a los antidisturbios. Lo que no se puede, una vez que uno ha decidido ir por la vida de matón, es quedarse sólo en el registro del insulto, o en el de la porra. Conviene alternarlos, modularlos, armonizarlos. De acuerdo, Zapatero es un cagón, un idiota, un terrorista, un loco, un compañero de viaje de Bin Laden... Pues habrá que hacer algo, y ya, que a Rajoy se le está pasando el arroz.

EL PAIS, 20-I-2006

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