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Derechas. Juan José Millás

A veces, los poetas tienen la capacidad de resumir en un verso teorías científicas o filosóficas a las que los estudiosos en la materia han dedicado centenares de libros. Lewis Carrol expuso en sus alicias un modelo del Universo que astrofísicos de la talla de Hawking llevan años y volúmenes tratando de representar en ecuaciones. A los ignorantes nos encanta que la intuición gane la batalla al conocimiento racional, porque, una vez aceptadas nuestras limitaciones intelectuales, sólo nos queda confiar en nuestro instinto literario. ¿Quién se atrevería a negarnos la posibilidad de que en un sueño se nos revele la teoría de la unificación?

Con la precisión de un rapsoda en trance, Ana Botella acaba de explicarnos de un disparo en qué consiste ser de derechas: en colocarse siempre a la sombra del matón, lo que vale tanto para el patio del colegio como para el de la cárcel, pero también para el patio de la vida. Al matón le gustan los tipos que le ríen las gracias, que le hacen la pelota, que imitan su manera de hablar y fabrican coartadas jurídicas para sus tropelías. El diálogo entre Aznar y Bush a cuatro días de una de las mayores masacres de la historia, parece sacado de Los Soprano. No son, ni de lejos, dos hombres de Estado negociando un acuerdo o intercambiando opiniones sobre la situación política internacional. Son dos facinerosos planeando con una frialdad increíble un golpe que implicaba acabar con miles de personas inocentes, hacia las que no muestran empatía ninguna.

Ser de derechas, según Ana Botella, exige aparecer en la foto en la que el jefe de recursos humanos del planeta te pasa la mano por el lomo con el afecto con el que Bush se la pasa a Aznar en la de Las Azores. A nuestra Ana Botella le encanta esa imagen que sacó a España del rincón de la historia para conducirla a las mazmorras de Abu Ghraib o a las jaulas de Guantánamo. Ser de derechas, ha asegurado la segunda teniente alcalde de Gallardón, consiste en mover el rabo al que tiene una pistola en la sobaquera y juega con un palillo entre los dientes. Quizá haya otros modos de ser de derechas, no decimos que no, pero si es cierto que el que calla otorga, el silencio en torno a las palabras de esta mujer pone la carne de gallina.

EL PAIS, 28-IX-2007

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