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Correciones. Juan José Millás

Arrastraba un catarro de izquierdas que no respondía a ningún tratamiento convencional. Había tomado leche con miel, coñá con aspirina, cápsulas de equinácea, extracto de aloe vera... Finalmente fui al consultorio y me tocó un doctor de derechas que me preguntó si tosía, si esputaba y si tenía fiebre: lo típico en cualquier médico, con independencia de su orientación política. Luego me auscultó con su estetoscopio de derechas, me observó la garganta con una especie de lupa luminosa, de derechas también, y me dijo que se trataba de un proceso vírico poco importante. Los pulmones ventilaban bien, incluso muy bien, y sólo en las zonas altas se apreciaba un foco que me recomendó tratar combinando la ingestión de un antihistamínico con la de un jarabe que estimulara la expectoración. A los cuatro días estaba como nuevo y llamé para darle las gracias.

Al desaparecer el catarro, se me abrió el apetito. Tenía un hambre de izquierdas que no se saciaba con nada. Cerca de mi casa hay una tienda de ultramarinos, pero el dueño es de derechas y no le tenía confianza. Finalmente, atraído por su escaparate, me decidí a entrar. Le advierto, me sinceré nada más traspasar el umbral, que soy de izquierdas, pero acabo de sufrir una gripe que me ha dejado por los suelos y necesito reponerme. El hombre, tras meditar unos instantes con su cabeza de derechas, preparó un menú adecuado a mi situación física, de modo que abandoné la tienda de ultramarinos con una bolsa repleta de alimentos tan bien armonizados que recuperé en un fin de semana las fuerzas perdidas durante la gripe. El lunes estaba trabajando a pleno rendimiento.

Pero he aquí que ese mismo día, al salir del trabajo, un coche que se había saltado un Stop me embistió por la derecha. El conductor iba bebido, no tenía carné y conducía un vehículo robado. Lo denuncié y fuimos a los tribunales, dándose el caso de que el juez, pese a las evidencias señaladas, absolvió al culpable. ¿Cómo puede ser esto?, pregunté sin dar crédito. Pues esto puede ser, respondió el magistrado, porque usted es de izquierdas y a los jueces de derechas nos ha tocado corregir el déficit de poder político que sufre Rajoy. Y si dice una palabra más, duerme en la cárcel.

EL PAIS, 09-II-2007

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