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Contabilidad. Juan José Millás

¿Han oído hablar de ese espía que, infiltrado en una organización terrorista, se cargó a más de 40 personas para no parecer un terrorista falso? Tiene su lógica. Si no matas, descubren que eres un topo y se acabó el seguir luchando contra el crimen. Es como si te infiltraras en una organización bancaria y te diera aprensión ejecutar un embargo: levantarías sospechas. El pobre Stakeknife (tal era el apodo de este representante del orden) tenía que matar con más entusiasmo que sus compañeros para ocultar la repugnancia que sentía por el crimen. Por la misma regla de tres, si lográramos infiltrar a un tonto de remate en una célula de intelectuales, tal vez sería capaz de desarrollar un sistema filosófico para pasar inadvertido. Pero si se le descubriera, siempre tendría la coartada de haber pensado para desenmascarar a los antipatriotas radicales que se pasan el día moviendo las neuronas.

Las fuerzas de seguridad británicas a las que pertenecia el tal Stakeknife, no lo han detenido porque dicen que contribuyó a salvar más vidas de las que segó. En otras palabras, que las cuentas arrojan un saldo positivo. O que han habido beneficios, lo mismo que en la invasión de Irak. Es cierto que hemos matado y mutilado a mansalva, pero no porque seamos terroristas, sino porque nos hemos visto obligados a actuar como si lo fuéramos para que Bush nos ayudara a perseguir el terrorismo. Y si no hemos condenado el asesinato de José Couso es por miedo a que Powell descubra que somos unos falsos asesinos sanguinarios y nos retire la palabra o no nos deje poner los pies sobre la mesa.

La moral es una rama de la contabilidad. Colocas en una columna a los muertos y en la otra los contratos, y si salen más contratos que muertos, el terrorismo deja de ser un crimen para convertirse en una inversión. Así las cosas, y como parece que la lógica nos ha abandonado para siempre, lo que hay que intentar ahora es que los terroristas se infiltren entre la gente de bien. De ese modo no tendrán más remedio que dejar de matar para no ser descubiertos y hasta podrán recibir dos sueldos, como Stakeknife, que cobraba del IRA y del Ministerio del Interior. Todo son ventajas.

EL PAIS, 16-V-03

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