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Complicado. Juan José Millás

He aquí algunas de las combinaciones que se nos ocurren: a) que usted ponga el espermatozoide, su señora de usted el óvulo y una mujer de Arkansas, por ejemplo, el útero; b) que usted ponga el deseo, pero que el espermatozoide provenga de un banco, en tal caso, su esposa podría aportar el óvulo y el útero; sólo el óvulo, o sólo el útero; c) que su esposa aporte el útero sin haber tenido nada que ver con la formación del embrión; d) que ni usted haya puesto el espermatozoide ni su esposa el óvulo y que el útero se encuentre en Wichita; e) cabe también, desde luego, la posibilidad clásica de que entre su señora y usted construyan un embrión que se desarrolle en el útero familiar. El embrión, a su vez, puede haberse formado dentro del cuerpo o en un laboratorio; f) etcétera.

De momento, creo, los espermatozoides y los óvulos (también los embriones) son gratis, pero el útero sale por unos 6.000 euros al mes. A esta cantidad hay que añadir los gastos de mantenimiento propios del embarazo, que podrían doblar el precio del producto final. Todo esto no es ni bueno ni malo; es raro. Si hace 20 o 30 años nos hubieran dicho que se podrían alquilar úteros por catálogo, habríamos sonreído con incredulidad. Lo curioso es que en el catálogo no viene la fotografía del útero, sino la de su dueña. La gente piensa que la cara es el espejo del útero. Los futuros padres creen que un rostro dulce implica una matriz acogedora, cuando el rostro, de momento, sólo es el espejo del alma. Grave error deducir la calidad del útero de las virtudes del alma, pero la biología y los afectos, en los seres humanos, forman un todo inseparable.

Así, podría darse el caso de que una mujer que sólo hubiera puesto el útero se encaprichara con la criatura que ha crecido en él y estuviera dispuesta a devolver los honorarios percibidos en calidad de alquiler para quedarse con el huésped. También hay gente que pone el espermatozoide sin deseo o el óvulo sin amor (tales ausencias, aunque no lo parezca, son variantes de la pasión). El caso es que por cada posibilidad orgánica se nos ocurren dos o tres de carácter psicológico. Las leyes pueden actuar sobre los órganos, pero no sobre los afectos. Quiero decir que todo es muy complicado.

EL PAIS, 28-VII-2006

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