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Cadenas. Juan José Millás

La cadena de la custodia, he ahí el problema. ¿Cómo asegurar que no se rompió un solo instante? Es muy difícil estar mirando una mochila durante dos años seguidos, sin pestañear. Al poco, te empiezan a picar los ojos, se te seca la córnea, se desbordan los conductos lacrimales, comienzas a ver manchas... Caes, al fin, en la tentación de parpadear y se va al carajo la cadena de la custodia. Luego se lleva la culpa Al Qaeda, cuando es evidente que fue ETA, o sea, el Movimiento de Liberación Nacional Vasco o el Movimiento Vasco de Liberación Nacional, no caigo ahora en qué orden colocaba Aznar la Liberación. Tarde o temprano se rompen todas las cadenas: la del frío, en los productos congelados; la de mando, en los ejércitos; la de la mentira, en los partidos políticos...

Aunque no trasnocho por prescripción facultativa, el miércoles estuve zapeando hasta las tantas. Curiosamente, los mismos que daban por hecho el cambiazo de la mochila, aseguraban que el comunicado de ETA era el de siempre. ¿Acaso llevaban años observándolo sin pestañear? ¿No había posibilidad alguna de que fuera distinto? ¿Significa lo mismo "tregua indefinida" que "alto el fuego permanente"? Lo más raro, con todo, es que algunos aseguraban que el alto el fuego era "culpa" de Zapatero. ¿Se puede tratar una buena noticia en términos de culpa? ¿Por qué aquel mal humor?

Cuando estaba a punto de irme a la cama, di con un programa sobre la guerra de Irak y comprendí que era la misma de hace tres años. Se continúa torturando, sojuzgando y asesinando al pueblo al que teóricamente se iba a liberar con mentiras idénticas a la de las armas de destrucción masiva. Ni siquiera un hombre tan dubitativo como el inspector jefe ÿlvarez podría negar esta evidencia. Da igual que cierres los ojos, que mires a otro lado, que interrumpas la cadena de la custodia, la cadena de frío, la cadena de mando, porque por encima de todas esas cadenas permanece, intacta, la cadena de la lógica, según la cual invadimos un país y nos pusieron una bomba. El alto el fuego ha dejado muchas cosas antiguas, entre ellas la mochila, pero aquella guerra, pese a Zaplana, continúa sucediendo hoy allí y aquí, en Bagdad y en Madrid.

EL PAIS, 24-III-2006

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