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Buen provecho. Juan José Millás

Aunque sospechábamos que el poder judicial era un chiringuito del poder político, tampoco era preciso que nos lo confirmaran de un modo tan grosero. Que asciendan a la jefatura de la empresa a una persona cuyo único mérito es haber difundido (con cargo al dinero de los contribuyentes) la tesis de que el bicarbonato (o el ácido bórico, ahora no caigo) era una peligrosa arma terrorista, es como decir que los Reyes, además de ser los padres, no traen nada a los niños pobres. Se deduce una cosa de la otra, no hay por qué explicitarla de forma tan brutal. Se queda uno con la sensación de que es todo una basura. De otro lado, quizá mejor así, ya sabemos a qué atenernos; sólo falta que lo ejecutado con alevosía en las alturas se aplique a las bases de tal modo que jamás un reo de izquierdas sea juzgado por un juez de derechas (o al revés). Tampoco un magistrado antiabortista debería aceptar casos relacionados con la interrupción del embarazo y así de forma sucesiva.

Hace años, Pedro Pacheco, a la sazón alcalde de Jerez, fue llevado a los tribunales por afirmar que la justicia era un cachondeo. El procedimiento no prosperó porque bastaba buscar la palabra cachondeo en un diccionario para caer del burro. Ha querido la casualidad que al mismo tiempo que conocíamos los nombres de los nuevos vocales del poder judicial, se sancionara con una multa de 1.500 euros al juez cuya mala práctica dejó fuera de la cárcel al tipo que luego asesinaría a una niña. Sabemos que los Reyes son los padres y que el corporativismo es inherente a la profesión del señor Tirado. Pero la magistratura, que tan torticeramente ha utilizado en otras ocasiones la figura llamada "alarma social", podría habérsela aplicado por una vez a sí misma. En cualquier caso, nuestra enhorabuena a la señora del bicarbonato y al resto de la basca. Buen provecho.

EL PAIS, 12-IX-2008

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