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Bonjour. Juan José Millás

Tengo un amigo paranoico. Es muy religioso en el sentido más profundo (y etimológico) del término. Cree que todo sucede al servicio de algo, por algo, para algo. Su nacimiento fue el producto de una maquinación. El cosmos conspiró para que su padre y su madre lo engendraran hace cuarenta años, no sabe con qué objeto, pero está en ello y acabará descubriéndolo. Sus padres se han divorciado por algo, su madre se ha vuelto a casar por algo, su padre permanece soltero por algo. Mi amigo tartamudea un poco por algo. Si se le estropea la lavadora, es por algo, lo mismo que si hace frío o calor, si llueve o deja de llover. A veces le duele la cabeza por algo.

Ahora está tratando de averiguar por qué, pese a conocer la leyenda paranoica del león que sodomiza al camello en los paquetes de Camel, todavía prefiere el Marlboro, en cuyo envase nadie persigue a nadie. De momento ha llegado a la conclusión de que la ley antitabaco forma parte de una conjura cuyo objeto es evitar el descubrimiento de las verdaderas relaciones entre el león y el camello, o quizá entre la nicotina y el PSOE. Todos muy preocupados por la marca de los explosivos del 11-M, pero nadie ha preguntado todavía qué fumaban los terroristas. ¿A qué viene todo este furor antitabaco? ¿Qué saben los estanqueros de la ministra de Sanidad para que los persiga de ese modo? ¿Qué teme que digan de ella los camellos (o quizá los leones) si les permite circular sin trabas?

Mi amigo paranoico piensa, lógicamente, que Trashorras se llama así por algo (en eso estamos de acuerdo). Asegura que las personas como el traficante asturiano son los nudos de la red invisible sobre la que descansa el mundo. Antes de declarar que el 11-M fue un golpe de Estado diseñado por la policía, la banda terrorista ETA y el PSOE (combinación verosímil donde las haya), Trashorras advirtió de que padecía alucinaciones auditivas y visuales características de los delirios de persecución. No engañaba a nadie, pues. Desde idénticos presupuestos, Cristo pretendía ser hijo de Dios (otra revelación perfectamente verosímil), pero ya ven el éxito de crítica y público que tuvo. La vida es una historia llena de ruido y furia narrada por un loco. Bonjour, folie.

EL PAIS, 08-IX-2006

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