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Banderas. Juan José Millás

Señoras, caballeros, niños, si a ustedes no les gustan las realidades vigentes, acudan ya a la feria de las alternativas, donde disponemos de una variedad de escenarios adaptables a cualquier situación mental. Pongamos que usted preferiría que el PP no hubiera excarcelado terroristas, que no los hubiera agrupado, que no hubiera cerrado los ojos cuando De Juana Chaos pidió champán para celebrar un asesinato de la banda. Pongamos que a usted no le gusta que la Tierra sea redonda, que el hombre haya llegado a la Luna, o que el atentado del 11-M fuera obra de radicales islamistas. No pasa nada, venga a Génova 13, donde le confeccionaremos una realidad aparente imposible de distinguir de la auténtica.

Lo que en las manifestaciones del PP distingue a las banderas constitucionales de las preconstitucionales es que las primeras son falsas. Y aunque es cierto que ni el mejor catador de símbolos patrios sería capaz de detectar la adulteración, la prueba del asco por fortuna, en cuestiones sentimentales, es como la del algodón en el alicatado del cuarto de baño: no engaña. Si frente a las imágenes del telediario siente usted sensación de mareo, vómitos y un impulso irrefrenable de apagar el aparato, no lo dude: le están dando preconstitucional por constitucional. Hay otra bandera de nuestro tiempo, el pantalón vaquero Levi's, cuya versión apócrifa se parece tanto a la genuina que hasta hace poco se vendía incluso en las tiendas de Madrid donde la policía adquiría la ropa para patrullar de paisano. Un perito en telas, y quizá en símbolos, detectó el engaño cuando ya le habían dado gato por liebre a todo el Cuerpo. La única diferencia entre el Levi's artificial y el de verdad es el precio.

La bandera constitucional genuina, en cambio, cuesta lo mismo que la aparente. Es lo que tienen las banderas, al contrario de los pantalones. Cuando usted vea a un tipo que va con la bandera hasta al cuarto de baño y grita mucho, no importa por qué, póngase en lo peor. En los sótanos del PP se fabrican estos días banderas constitucionales falsas a todo trapo (nunca mejor dicho). Tal vez no se hagan ricos con su venta, pero podrían ganar las elecciones, lo que para alguien que se dedica a la construcción viene a ser lo mismo.

EL PAIS, 09-III-2007

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