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Así nos luce el pelo. Juan José Millás

El verbo desinventar carece de existencia, como si no fuera posible dar marcha atrás, como si fuéramos víctimas eternas de nuestras verdades o nuestras mentiras. Sin embargo, qué bien estaría, por ejemplo, desinventar a Dios para encontrar de nuevo la religión. La religión une a los hombres. Los dioses, en cambio, los separan, no han hecho otra cosa a lo largo de la historia, además de provocar millones de muertes, todas de una crueldad extrema. Un mundo sin dioses, y por eso mismo profundamente religioso (en el sentido etimológico del término) sería un auténtico paraíso. Qué gusto, desinventar a los ayatolás, a los predicadores, a los jerarcas eclesiásticos, a los propagandistas...

Sería fantástico también desinventar la medicina para encontrarnos con los médicos, que no sabemos dónde están ni cuando los tenemos delante. ¿Cuánto dura una consulta médica, un minuto y medio o dos? Si no existiera la medicina, duraría media hora. La medicina y los dioses han acabado con la religión y con los médicos, quiere decirse que no andamos bien ni del alma ni del cuerpo. En un hospital de Madrid los enfermos se pasan a veces 36 horas sin comer, pues sólo disponen de una enfermera para 50 pacientes, todo ello en nombre de la medicina. Al inventarse la medicina, se inventaron sus gestores, sus jefes de recursos humanos, sus oficinas de planificación y los médicos desparecieron del panorama. La cosa ha llegado hasta el punto de que ni siquiera existen ya los historiales clínicos, que han sido sustituidos por unas cosas llamadas ŽprotocolosŽ semejantes a los tests del carné de conducir.

Desinventemos también la gastronomía para recuperar la comida. Y quizá la novela para volver a la literatura. Al capitalismo y al comunismo, en vez de desinventarlos, los obligaría a sentarse a una mesa y no les dejaría levantarse hasta que hubieran llegado a un acuerdo sobre el tamaño del Estado, que es lo que ahora mismo, bajo diversas apariencias, está en discusión. Tampoco es tan difícil, sobre todo si no aparece Dios para enredar. El diccionario dice que desinventar no existe, lo que es un modo de prohibirlo. Y así nos luce el pelo.

La Opinión de Málaga, 12-VI-2009

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