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Antigüedades. Juan José Millás

De súbito, todo se ha quedado antiguo: el periódico; el café con leche; el libro abierto sobre la mesilla de noche; el beso con el que has despedido a tu mujer; el consejo que le has dado a tu hijo al irse al instituto. Todo se ha vuelto viejo cuando has encendido la radio: la agenda del día; los proyectos para el fin de semana; el dolor de muelas; las lecciones de inglés; la declaración de la renta; la cesta de la compra. Se ha suspendido el destino. En los diccionarios de antónimos no viene ninguna palabra de significado opuesto a destino, pero su contrario es una masacre, si aún se dice así, como la que ayer despertó a Madrid, a España, suponemos que a Europa, y regó la vía del tren de manos sueltas. Cada una de las personas que iba o venía de trabajar sobre esos trenes era propietaria de un destino pequeño o grande que ETA ha interrumpido.

Todo se queda antiguo de repente: la contabilidad; los adverbios; la boda de Ricardo; el nacimiento de Luis o de Cristina; el inventario; el debe y el haber; los exámenes; las oraciones simples; las compuestas; las subordinadas; el análisis morfológico; el sintáctico; la previsión del tiempo; la humedad relativa del aire. Se queda antiguo el artículo que escribiste ayer, la discusión de la cena, el mensaje que te dejaron en el contestador. Ni siquiera hace falta que suspendas esta cita o aquella otra una vez que se ha suspendido la existencia. El problema es que no se trata de una suspensión impuesta por el destino. El destino, incluso cuando se trata de un destino fatal, une a los pueblos; las bombas los separan.

Todos somos huérfanos de los muertos de ayer. Sus destinos rotos estaban trenzados a los nuestros. Hoy somos un tejido desgarrado, lleno de hebras sueltas, cuyos muñones quiebran las proporciones de la trama. Si ese desastre hubiera sido producto de un terremoto, nos habría unido, aunque no hemos firmado ningún pacto antiterremoto. De súbito, estos salvajes han dejado antigua la entrada para el cine, la reserva para la cena, los billetes de avión para Semana Santa. Pero lo que pretendían que se quedara antiguo es el sufragio universal. Si lo logran, estamos perdidos como comunidad. Ojalá que a estas horas no se haya quedado viejo el sentido común.

EL PAIS, 12-III-2004

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