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Alucina. Juan José Millás

Trillo no es de los que abandonan el barco. Trillo no ha dejado tirados a sus generales. Trillo no era ministro de Defensa el día de autos. Se lo dijo el mismísimo Aznar: tú no eres responsable de nada del mismo modo que yo no mentí cuando aseguré que había armas de destrucción masiva en Irak o que ETA había sido la autora del 11-M. Quede claro que tampoco Fraga ha perdido en Galicia ni Rajoy se ha dado el cuarto batacazo electoral. Cascos no fue ministro del Prestige ni del AVE, ni se ha casado tres o cuatro veces, ni vociferó contra el divorcio cuando la primera ley. Esa señora que aparece en las fotografías gritando como una energúmena no está insultando a Bono. El PP no se ha beneficiado del terrorismo ni ha roto el Pacto contra las Libertades. Aquilino Polaino no está loco.

Y hablando de otras cosas, el PP no creó, cuando gobernaba, un grupo multimedia al servicio de Aznar. Ese grupo inexistente no fue financiado con dinero público procedente de Telefónica ni era dueño, entre otras empresas, de Onda Cero, Antena 3 o Vía Digital. Ese conglomerado de medios, que no nos costó un ojo de la cara, no se llamó al principio Telefónica Media ni, más tarde, Admira Media. No es cierto que la empresa de publicidad a la que se encargó el cambio de nombre hubiera propuesto, por razones evidentes, el de Alucina Media. No es verdad que ese imperio mediático, quizá el mayor de nuestro panorama, se viniera abajo porque sus directivos fueran unos piernas. Villalonga no fue amigo de Aznar. Villalonga no se hizo millonario. Villalonga no huyó a Miami.

El año pasado no fueron asesinadas en España 50 mujeres por 50 hombres. Tampoco en lo que va de año han muerto otras 30 a manos de sus cónyuges. No era preciso legislar contra la violencia de género porque no hay violencia, ni siquiera género. En cuanto al divorcio, no era complicado ni lento ni caro. No era preciso demostrar la existencia de un culpable. No hacía falta, en fin, una ley nueva. Los homosexuales, por su parte, no estaban discriminados ni satanizados por la Iglesia ni por la derecha de toda la vida. La derecha de toda la vida no existe. Todo ha sido un sueño, un sueño del que afortunadamente comenzamos a despertar. Buenos días, España.

EL PAIS, 1-VII-2005

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