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Aguirre. Juan José Millás

Efectivamente, tal y como aseguró en laSexta Noche,Esperanza Aguirre jamás ha insultado a un adversario político, excepto cuando se refirió a Ruiz-Gallardón como el “hijoputa” al que había quitado un puesto en Caja Madrid para dárselo a IU. Por cierto, que en ese mismo acto exhibió el liberalismo económico del que presume al dejar patente que ella no intervenía en las decisiones de la caja que tanto daño han hecho a los pequeños ahorradores. A vueltas aún con el liberalismo, Aguirre es también un ejemplo vivo de lo que predica respecto al control de los medios de información. Ahí está Telemadrid, con más de 800 despedidos, víctimas de los telediarios inverosímiles de la desdichada cadena.

Incompatible asimismo con la corrupción, llegó a la presidencia de la Comunidad de Madrid tras una segunda convocatoria electoral y después de que dos diputados socialistas, luego protegidos por un aparato de seguridad cercano al PP, pusieran a la venta su voto. Años más tarde, al huir de la quema, o de la trama Gürtel, dejó el puesto a Ignacio González, su mano derecha, un señor que había conseguido alquilar en Marbella un apartamento de lujo a la mitad del precio de mercado. Más tarde, para evitar habladurías, adquirió ese piso a una sociedad radicada en un paraíso fiscal sin que a la fecha sepamos quién era su verdadero dueño (los policías que lo intentaron, sin excepción, están en el frigorífico).

¿Que Aguirre es populista? Nada más lejos de la verdad. Recuerden, si no, su rueda de prensa, disfrazada de superviviente, tras regresar de Bombay, donde su hotel había sufrido un atentado terrorista. Una biografía política de arte y ensayo, en fin, con la que puede alternar sin rubor en cualquier tasca de su barrio.

EL PAIS, 25-VII-2014

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