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Abandono. Juan José Millás

Si usted no odiaba a los homosexuales por las razones de orden teológico por las que los detesta la Iglesia, debería aborrecerlos porque quieren acabar con la Seguridad Social. Lo ha dicho el presidente de la Conferencia Episcopal, que vive a costa de los Presupuestos Generales del Estado, y lo ha corroborado Cristóbal Montoro, que los administra. Así que, cada vez que vea usted por la calle a una de esas repugnantes parejas que pervierten el orden natural y el económico, piense en ellas como en una amenaza para su sistema de pensiones. Le resultará más fácil agredir a gays y lesbianas si tiene en cuenta que el empeño de esta gentuza por alcanzar en la práctica los derechos civiles que la Constitución les garantiza en la teoría podría multiplicar las listas de espera de los hospitales públicos y acabar con la actual política de trasplantes de órganos.

La frases de Rouco y de Montoro, que calarán por su ausencia de lógica (no hay espectáculo más subyugante que el del despropósito), pertenecen a la misma familia de esta otra pronunciada hace poco por Aznar: "¡Ya está bien de que algunos se levanten todas las mañanas con el único ejercicio de insultar a España!", que es como si un filósofo gritara indignado: "¡Ya está bien de que algunos se levanten todas las mañanas con el único ejercicio de insultar a los juicios sintéticos a priori!" Insultar a España o a los juicios sintéticos es un ejercicio tan surrealista como increpar al anticiclón de las Azores. No somos capaces de imaginar a nadie buscando el modo de zaherir, mientras se afeita, a este conjunto de abstracciones.

No obstante, seguro que ya hay más de un loco atento a cualquier manifestación que pudiera interpretarse como un insulto a España. Lo curioso de todo esto es que Rouco ha estudiado lógica y que Aznar ha leído a Cernuda, que, además de homosexual, por cierto, era un "español sin ganas", por lo que entre una cosa y otra hoy lo tendría tan crudo como ayer. Hemos de concluir, en fin, que el pensamiento nos ha abandonado hasta nueva orden. Pero que no cunda el pánico, hay vida más allá del pensamiento. De hecho, Rouco vive como un cura, y Aznar, tacita a tacita de lugares comunes, se ha hecho un estadista. Feliz Año Nuevo.

EL PAIS, 2-I-2004

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